El fantasma de la medicina
Jesús Ramírez Bermúdez*, Teresita Corona Vázquez**

Palinuro nació bajo el signo de la desmesura: todo en él es hipérbole, exceso, colmo y demasía.
Fernando del Paso
Palinuro de México


Analizar la relación entre Palinuro de México y la Medicina es un motivo de interés y alegría, incluso tras el duelo por la muerte de Fernando del Paso, porque la novela significa el triunfo de la literatura sobre el desencanto y la apatía. Si los alcances literarios de José Trigo y Noticias del imperio son indiscutibles, Palinuro es una lectura especialmente significativa para quienes nos dedicamos a la Medicina. Al leer esa primera frase de la novela, según la cual el fantasma de la Medicina acompañó siempre a Palinuro, muchos de nosotros no sabíamos que entregaríamos nuestras vidas a esta disciplina.

La literatura nos da una visión simbólica, pero certera, acerca del lugar de la Medicina en el mundo contemporáneo, y así sucede en el territorio de nuestro país, México. Más allá de los casos reales de médicos escritores, como Mariano Azuela o Elías Nandino, la Medicina aparece con toda su fuerza metafórica en la obra de Fernando del Paso. La ciencia médica es una manera de explorar las posibilidades de lo real en El disparo de Argón, de Juan Villoro. Esas claves nos muestran la posibilidad de construir una Medicina dispuesta a realizar una alianza íntima con la literatura, que se hace imprescindible para quienes se van a dedicar a este binomio ciencia-humanismo.

 

Ilustración Jeremy Monroy

 

Fernando del Paso, un pesimista con sentido del humor, ateo, obsesionado por el lenguaje y la historia, aficionado a la astrofísica, la zoología y la arquitectura, declaró en forma repetida su amor por la Medicina. Es bien sabido que antes de estudiar la carrera de Economía, deseaba estudiar en la Escuela Militar de Medicina, una de las más prestigiadas de su época y en ese, como en muchos otros sentidos, Palinuro de México puede concebirse como un ejercicio de introspección para el conocimiento de la personalidad, un taller creativo dispuesto para generar transformaciones de la persona, como lo es, en cierta forma, toda narrativa de ficción. Todos sabemos que Palinuro es un estudiante de Medicina durante el movimiento estudiantil de 1968. Pero más allá de la dimensión política del libro, que ha sido motivo de múltiples lecturas, me parece también que el afecto personal del escritor hacia la historia de la Medicina, tan cercana a su talento barroco y erudito, es el origen de una investigación fecunda sobre la relación entre el cuerpo y las palabras. La anatomía, entendida como el análisis de la estructura corporal, requiere el recurso lingüístico, la infinita variedad de palabras para generar representaciones estables y formatos adecuados para la semántica. El acto de nombrar, que emparenta la literatura con tradiciones tan diversas como la cábala, la astronomía, la geografía y la química, encuentra en la anatomopatología un caso especial: en el mundo clínico se forma una articulación epistemológica entre los conocimientos adquiridos mediante la visión y el tacto, y la capacidad del lenguaje para estabilizar y formar conceptos, incluyendo los que son relevantes para entender la relación entre el médico y su paciente. Al abrir algunos cadáveres —como dijo Michel Foucault en El nacimiento de la clínica— los objetos y tejidos previamente ocultos deben nombrarse con el recurso de la analogía, que emparenta a la poesía con la anatomía humana. El cíngulo, el tálamo, el hipocampo, la amígdala, el cuerpo calloso, son algunas palabras de anatomía del sistema nervioso. El análisis de estas palabras muestra el sentido figurado de los términos. Las metáforas sirven como auxiliares para la conceptualización científica.

En el punto de convergencia entre la descripción y la conceptualización anatómica, mediante el recurso del lenguaje aparece la proliferación literaria descomunal de Fernando del Paso. Al inicio de la novela, en el capítulo titulado “La gran ilusión”, Palinuro revela a través del tío Esteban claves pictóricas de su relación con la historia de la Medicina. Dice Palinuro: “Fueron tantas… Las ilustraciones y las láminas que pasaron por sus manos, desde las danzas de la muerte de Holbein de Basilea que inspiraron a Saint-Saëns y a Glazunov, hasta los Apestados de Jaffa del Barón Gros, pasando por todos los estropeados de El Bosco, los dentistas de Van Ostade, los poseídos de Van Noort, los barberos cirujanos de Teniers, los pestíferos de Poussin, los leprosos de Hans Burgkmair, los ciegos de Brueghel y los tiñosos de Giovanni della Robbia, que el tío Esteban… llegó a pensar y a actuar como un médico de verdad”.

El elemento autobiográfico, sublimado mediante los recursos literarios, es mostrado por el autor en un acto de honestidad intelectual, como en aquella frase que hemos escuchado en alguna cinta de Almodóvar: uno es más auténtico mientras más se parece a lo que quiere ser. “Yo no participé en el movimiento de 1968, pero para mí fue muy fuerte. Yo no era un estudiante, tenía ya más de 30 años, pero Palinuro sí podía estar ahí y así lo decidió: muere inmolado en el Zócalo. Lo que yo decidí fue el lugar de su muerte”, ha dicho Fernando del Paso. El desdoblamiento de identidades, dado por Palinuro y el tío Esteban, permite la exploración de aficiones indecentes, obscenidades, formas interminables de degradación de las buenas costumbres, pero Del Paso fabrica una celebración donde caben por igual las glorias y las miserias del cuerpo, como diría Francisco González Crussí. Al hablar del amor por la Medicina y del asco de Estefanía por las secreciones y los líquidos corporales, dice Palinuro: “Y tampoco, comiendo o no, se le podía hablar de saliva, materias fecales o líquidos cefalorraquídeos, sin que le dieran náuseas. Esto comenzó a suceder desde que el tío Esteban contó la historia de cómo se pelaban los huesos, y en vista de que ocurrió varias veces, el tío Esteban, resignado, le dijo que ya no volvería a hablar de Medicina —ni de nada que se le pareciera— delante de ella. Estefanía lloró y le preguntó al tío Esteban por qué la castigaba, que ella quería ser doctora y que cuando fuera grande ya no sentiría asco”. Más allá de las emociones básicas descritas por Charles Darwin, el autor explora la experiencia subjetiva donde el contraste entre la fascinación y la vergüenza revela paisajes emocionales inéditos.

Mediante la realización de un espíritu lúdico, Del Paso logra construir una reinterpretación del cuerpo humano, marcada por la tensión dinámica entre el placer de los sentidos y la descomposición de la materialidad humana. Los relatos sobre la flatulencia y otros pormenores del cuerpo se multiplican y combinan con la enumeración de acontecimientos literarios en el terreno amoroso: “Un día la besé en francés. Ella se limitó a bostezar en sueco. Yo la odié un poco en inglés y le hice un ademán obsceno en italiano. Ella fue al baño y dio un portazo en ruso. Cuando salió, yo le guiñé un ojo en chino y ella me sacó la lengua en sánscrito. Acabamos haciendo el amor en esperanto”.

Dice Gaston Bachelard, en La poética del espacio, que “la imagen poética nos sitúa en el origen del ser hablante”. La poesía, dice, “pone al lenguaje en estado de emergencia”. Mediante un inmenso juego literario, es posible decir que Fernando del Paso ha construido una sorprendente poesía de la Medicina, capaz de poner al lenguaje médico en estado de emergencia y de crear pactos entre la materialidad del cuerpo humano y la literatura; ese territorio cargado de reflexiones, ecos, monólogos interiores, sensaciones estremecedoras y de un clima verbal que no puede traducirse a otro medio expresivo. Se trata de un espacio donde cada libro establece sus reglas del juego. En el caso de Palinuro de México, sus reglas tienen el poder de penetración suficiente para ponernos en marcha, con otros agentes de la ficción, por el camino que conduce a la Medicina: la vocación que Fernando del Paso realizó en clave narrativa y que podemos aceptar como propia gracias al juego literario que da sentido a la materialidad descompuesta.

Sobre los autores:

*Unidad de Neuropsiquiatría, Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía. Ciudad de México.

ORCID: https://orcid.org/0000-0003-2879-5258

Correspondencia: jesusramirezb@yahoo.com.mx

**Jefatura de la División de Estudios Posgrado de la Facultad de Medicina, UNAM. Ciudad de México.

ORCID: https://orcid.org/0000-0002-9324-229X

Sugerencia de citación:

Ramírez-Bermúdez, J. & Corona-Vázquez, T. (2023). El fantasma de la medicina. Medicina y Cultura, 1(2), mc23a-29.

https://doi.org/10.22201/ fm.medicinaycultura.2023.1.2.29

 

Jesús Ramírez Bermúdez

Médico neuropsiquiatra. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores (nivel 2). Dirige el programa de Neuropsiquiatría del INNN. Autor de obras literarias como Un diccionario sin palabras (Almadía, 2016) y La melancolía creativa (Random House Mondadori, 2022). Premio Nacional de Ensayo Literario del Instituto Nacional de Bellas Artes.

Teresita Corona Vázquez

Médica especialista en Neurología. Investigadora Emérita del Sistema Nacional de Investigadores. Directora del Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía durante el periodo 2007-2017. Presidenta de la Academia Nacional de Medicina durante el periodo 2019-2020.

Referencias

Benedetti, F., Mayberg, H.S., Wager, T.D., Stohler, S. y Zubieta, J.K. (2005). Neurobiological Mechanisms of the Placebo Effect. J Neurosci, 25(45), 10390-10402. 10.1523/JNEUROSCI.3458-05.2005

Carter, C.S. (2022). Oxytocin and love: Myths, metaphors and mysteries. Comprehensive Psychoneuroendocrinology, 9. https://doi.org/10.1016/j.cpnec.2021.10010

Hall, K.T., Loscalzo, J. y Kaptchuk, T.J. (2015). Genetics and the placebo effect: the placebome. Trends in Molecular Medicine, 21(5), 285-294. 10.1016/j.molmed.2015.02.009

Kaptchuk T.J. y Miller F.G. (2015). Placebo Effects in Medicine. N Engl J Med, 373(1), 8-9. 10.1056/NEJMp1504023

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