Resumen: Nuestro cuerpo produce energía constantemente gracias a las mitocondrias, pero este proceso genera radicales libres, moléculas inestables que pueden dañar células si no se controlan. Para protegernos, contamos con antioxidantes como las vitaminas C y E, que actúan en equipo: la vitamina E protege las membranas celulares y la vitamina C las regenera mientras neutraliza radicales libres. Sin embargo, un exceso de suplementos antioxidantes puede ser perjudicial y aumentar riesgos como el de desarrollar cáncer, especialmente en fumadores. La clave está en el equilibrio: una dieta variada, rica en frutas, verduras, semillas y aceites saludables, aporta suficiente vitamina C y E sin necesidad de suplementos. Este sistema de defensa invisible es esencial para nuestra salud celular, energía y bienestar general. Cuidar lo que comemos es cuidar lo que no vemos, pero que trabaja incansablemente dentro de nosotros.
Palabras clave: vitaminas, antioxidantes.
¿Alguna vez te has preguntado a qué daños están expuestas nuestras células y qué batalla enfrentan a diario para mantenerse con vida? Imagina que, si no tuvieran mecanismos de defensa, tendríamos que vivir en una burbuja, aislados de todo. Aun así, la esperanza de vida sería baja, ya que el simple hecho de respirar genera pequeñas “chispas” que pueden dañar a las células desde el interior, como si un enemigo se escondiera dentro de casa, al estilo de un caballo de Troya.
Dentro de nuestras células existen “fábricas microscópicas” llamadas mitocondrias, en las que ocurre algo asombroso: el oxígeno y los nutrientes se transforman en energía. Sin embargo, este proceso vital también produce como subproductos unas moléculas inestables llamadas radicales libres por tener un electrón desapareado, muchas de las cuales son especies reactivas de oxígeno (ROS, por sus siglas en inglés) y si no se controlan, pueden dañar seriamente estructuras celulares. Si piensas en la mitocondria como una planta generadora de energía, las ROS serían chispas que pueden provocar cortocircuitos en todo el sistema.
Por fortuna nuestro cuerpo cuenta con un sistema de defensa silencioso y eficaz: los antioxidantes. Entre ellos destacan dos vitaminas que probablemente tengas en tu alacena o en tu desayuno: la vitamina C y la vitamina E. Lo fascinante es que no actúan de manera aislada, sino que trabajan juntas, se cuidan mutuamente y se regeneran. Gracias a ese trabajo en equipo tus células se protegen del estrés oxidativo, que puede manifestarse como fatiga, envejecimiento prematuro o enfermedades crónicas.
¿Cada vez que respiro me oxido?
El proceso de generación de energía no es limpio. Así como un coche libera humo al encenderse, nuestras células también generan residuos moleculares al producir energía. ¿Por qué ocurre? Tras respirar, el oxígeno entra en nuestro cuerpo y se usa para transformar la glucosa en energía dentro de las mitocondrias. Una parte de ese oxígeno se convierte en agua; otra, en especies reactivas de oxígeno (ROS). Estas ROS son altamente reactivas; aquellas con un electrón desapareado (radicales libres), son especialmente peligrosas, ya que buscarán desesperadamente “robar” el electrón que les falta a otras moléculas, desestabilizándolas a su vez, en lo que se convertiría en una serie de reacciones en cadena de moléculas que quitan electrones las unas a las otras, dañando células, tejidos y órganos a su paso.
Cuando los radicales libres se acumulan y se descontrolan pueden dañar lípidos, proteínas e incluso al ADN. A este proceso se le conoce como estrés oxidativo y está vinculado con el envejecimiento celular y enfermedades como el cáncer, el Alzheimer y enfermedades cardíacas.
Ahora bien, en pequeñas cantidades, estos radicales también cumplen funciones útiles: activan defensas, reparan tejidos e incluso combaten microbios. El problema aparece cuando su producción excede la capacidad del cuerpo para neutralizarlos, y ahí entran nuestras heroínas: la vitamina E y la vitamina C.
La vitamina E: el escudo de las membranas
Las membranas celulares funcionan como una barrera hecha de lípidos (también llamados grasas). No solo protegen a la célula, también regulan qué entra y qué sale, como una especie de aduanas microscópicas, pero estas membranas son vulnerables a la acción de los radicales libres, sobre todo durante la respiración celular.
Aquí entra en acción la vitamina E, en especial su forma más activa: el alfa-tocoferol. Al ser liposoluble, se integra en las membranas celulares y actúa como escudo contra los radicales libres. ¿Cómo lo hace? Dona un electrón al radical libre, neutralizándolo. En el proceso, la vitamina E se oxida, pero ese sacrificio evita reacciones en cadena que causarían daños más importantes en las membranas celulares, hasta el punto de incluso provocar su muerte. Este fenómeno se conoce como prevención de la peroxidación lipídica. Sin la vitamina E, nuestras células estarían mucho más expuestas a los daños provocados por el simple hecho de respirar y producir energía.
La vitamina C: la aliada regeneradora
Una vez que la vitamina E se oxida (pierde un electrón), necesita volver a su forma activa, es entonces cuando entra en juego la vitamina C (ácido ascórbico), una molécula soluble en agua que se encuentra libremente dentro de las células, en su citoplasma. Funciona como una especie de mecánico que repara a la vitamina E donándole el electrón que perdió, restaurando su función protectora. Hasta aquí es evidente su rol esencial para mantener el equilibrio en nuestro cuerpo. Sin ella, la vitamina E no podría regenerarse y el sistema antioxidante se debilitaría rápidamente.
Además de esto, la vitamina C también neutraliza radicales libres directamente, refuerza el sistema inmunológico y participa en la síntesis de colágeno, esencial para la piel, huesos y vasos sanguíneos.
Un dato importante: el cuerpo humano no produce vitamina C de manera natural, por lo que debe obtenerse diariamente a través de los alimentos, principalmente frutas y verduras.
Trabajo en equipo para evitar el caos
Aunque solemos pensar en la salud como algo relacionado con órganos, músculos o alimentos, muchas de las batallas más importantes ocurren a nivel microscópico, en el que miles de reacciones químicas ocurren cada segundo para que podamos vivir. La cooperación entre la vitamina C y la E es una estrategia biológica precisa y eficiente; este ciclo de regeneración permite que cantidades pequeñas de estas vitaminas tengan un impacto significativo en la salud celular.
Cuando este sistema está en equilibrio, nuestras células producen energía sin peligro, pero si se rompe —por mala alimentación, estrés, sustancias tóxicas o inflamación crónica—, el daño se acumula con el tiempo. Así, lo que parecen simples vitaminas en una etiqueta nutricional, en realidad es parte de una red de protección celular que mantiene la salud en nuestro cuerpo, a través de un efecto antioxidante.
¿Y si tomas demasiados antioxidantes? (spoiler: no es buena idea)
Podría parecer lógico pensar que más antioxidantes equivalen a más salud, sin embargo, en dosis elevadas pueden convertirse en prooxidantes y generar el efecto contrario.
Por ejemplo: la vitamina C, en presencia de hierro o cobre, puede participar en reacciones que generan radicales altamente dañinos, como el radical hidroxilo; la vitamina E, si no se regenera, puede quedarse como radical tocoferilo y contribuir al daño.
Además, estudios recientes han reforzado la evidencia de que el consumo excesivo de suplementos antioxidantes, como las vitaminas C, E, B6 y B12, puede no solo carecer de beneficios para la salud, sino también aumentar el riesgo de ciertos tipos de cáncer, especialmente en poblaciones de alto riesgo como los fumadores.
Por ejemplo, una investigación del Instituto Karolinska (Suecia) publicada en 2023 en el Journal of Clinical Investigation, reveló que dosis elevadas de vitamina C y E pueden estimular la formación de nuevos vasos sanguíneos en tumores de cáncer de pulmón, favoreciendo su crecimiento y metástasis.
¿La solución? Equilibrio, no excesos
Entonces… las vitaminas y antioxidantes ¿son malos? ¡No! Lo importante es el equilibrio. Estas vitaminas son esenciales, pero funcionan mejor cuando provienen de una alimentación natural, acompañadas de otros nutrientes.
El problema aparece cuando queremos forzar sus beneficios con suplementos excesivos o sin supervisión, sin entender que nuestro cuerpo es un sistema delicado en el que todo está conectado y en equilibrio.
Ya sabemos que nuestro cuerpo necesita energía para todo: pensar, moverse, sanar, respirar; también sabemos que ese proceso produce radicales libres que, si se salen de control, pueden dañar nuestras células. Las vitaminas C y E son parte esencial del equipo que evita ese caos, pero no necesitamos suplementos milagrosos ni cápsulas caras para obtenerlas.
La mejor fuente de estas vitaminas y otros antioxidantes es la alimentación diaria. Una dieta variada, llena de frutas, verduras, semillas y aceites vegetales saludables, ya tiene las cantidades necesarias de estas vitaminas para mantener tu sistema antioxidante funcionando como debe.
Alimentos ricos en vitamina C:
- Guayaba (¡campeona absoluta!)
- Kiwi
- Fresas
- Pimiento rojo
- Naranja, mandarina, toronja
- Brócoli y coliflor
Alimentos ricos en vitamina E:
- Almendras
- Semillas de girasol
- Aceite de oliva y de girasol
- Espinacas y acelgas
- Aguacate
Consejos clave:
- No necesitas suplementos si comes bien
- Prefiere los alimentos frescos y de temporada: conservan mejor sus nutrientes
- Combina colores en tu plato: cada color vegetal contiene distintos antioxidantes
Cuidar lo invisible, lo que hay dentro de nuestras células, es también cuidar lo esencial: nuestra energía, nuestra salud y nuestra vida. Así que la próxima vez que te sientas cansado o sin energía, recuerda que dentro de ti hay un equipo trabajando sin descanso, y tú puedes apoyarlo con cada elección que haces al comer. Porque la ciencia, aunque parezca lejana, está ocurriendo justo ahora… dentro de ti.
Sugerencia de citación:
Gómez-Almazo, A.G., Martínez-Lemus, M., Monroy-Gutiérrez, S.A. & Reyes-Pérez, V.I. (2026, septiembre). Vitaminas C y E: defensoras invisibles contra el estrés oxidativo. Medicina y Cultura, 4(2), mc26-a21. https://doi.org/10.22201/fm.medicinaycultura.2026.4.2.21

Ángel Gabriel Gómez-Almazo
Contacto: 319073902@quimica.unam.mx
Facultad de Química, UNAM, Ciudad de México, México.
Estudiante de octavo semestre de la carrera en Química Farmacéutica Biológica (QFB) de la Facultad de Química, UNAM.

Mónica Martínez-Lemus
Contacto: 316290902@quimica.unam.mx
Facultad de Química, UNAM, Ciudad de México, México.
Estudiante de décimo semestre de la carrera en Química Farmacéutica Biológica (QFB) de la Facultad de Química, UNAM.

Sarahi América Monroy-Gutiérrez
Contacto: 319232873@quimica.unam.mx
Facultad de Química, UNAM, Ciudad de México, México.
Estudiante de octavo semestre de la carrera en Química Farmacéutica Biológica (QFB) de la Facultad de Química, UNAM.

Valeria Itzel Reyes-Pérez
Contacto: valeria.reyes@iquimica.unam.mx
ORCID: 0000-0002-5535-7627
Departamento de Productos Naturales, Instituto de Química, UNAM, Ciudad de México, México.
Doctora en Ciencias Químicas por la UNAM, actualmente desempeñando el cargo de Investigadora Asociada “C” en el Departamento de Productos Naturales del Instituto de Química, UNAM. A lo largo de su carrera se ha dedicado a la investigación de plantas medicinales para la búsqueda, aislamiento y caracterización de nuevas moléculas con potencial farmacológico como antidiabéticos, analgésicos, antiinflamatorios, ansiolíticos y antidepresivos.
Lecturas recomendadas
Bjelakovic, G., Nikolova, D., Gluud, L. L., Simonetti, R. G., & Gluud, C. (2007). Antioxidant supplements for prevention of mortality in healthy participants and patients with various diseases. JAMA, 297(8), 842–857. https://doi.org/10.1001/jama.297.8.842
El Debate. (2023, 5 de septiembre). Los suplementos de antioxidantes en la dieta pueden aumentar el riesgo de cáncer. https://www.eldebate.com/salud-y-bienestar/20230905/suplementos-antioxidantes-pueden-aumentar-riesgo-cancer_137476.html
Instituto Linus Pauling. (s.f.). Vitamina C. https://lpi.oregonstate.edu/es/mic/vitaminas/vitamina-C
Instituto Linus Pauling. (s.f.). Vitamina E. https://lpi.oregonstate.edu/es/mic/vitaminas/vitamina-E
Martínez Álvarez, J. R., & Llopis González, A. (2006). Vitaminas antioxidantes. En M. Mataix Verdú (Ed.), Nutrición y salud (pp. 229–246). Ergon.
McKee, T., & McKee, J. R. (2003). Bioquímica: Las bases moleculares de la vida (3.ª ed.). McGraw-Hill Interamericana.
Packer, L., Weber, S. U., & Rimbach, G. (2001). The antioxidant network: Vitamin E and vitamin C. The American Journal of Clinical Nutrition, 71(6), 174S–175S. https://doi.org/10.1093/ajcn/71.6.174S
Ramírez-Tortosa, M. C., & Quiles-Morales, J. L. (2005). Vitamina C, vitamina E y otros antioxidantes de origen alimentario. En A. Gil Hernández (Coord.), Tratado de nutrición: Bases fisiológicas y bioquímicas de la nutrición (Vol. 1, pp. 659–694). Acción Médica.
Traber, M. G., & Atkinson, J. (2007). Vitamin E, antioxidant and nothing more. Free Radical Biology and Medicine, 43(1), 4–15. https://doi.org/10.1016/j.freeradbiomed.2007.03.024
Villagrán, M., Muñoz, M., Díaz, F., Troncoso, C., Celis-Morales, C., & Mardones, L. (2019). Una mirada actual de la vitamina C en salud y enfermedad. Revista Chilena de Nutrición, 46(6), 800–808. https://doi.org/10.4067/S0717-75182019000600800
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