Resumen: Los propósitos de este ensayo son: determinar los orígenes del fenómeno, conocer la estadística en la población de estudiantes mexicanos y establecer estrategias transdisciplinarias para disminuir el impacto de este fenómeno en la población estudiantil, ya que la procrastinación no es solamente un problema del estilo de vida de las alumnas y alumnos, sino un síntoma pivote de diversos factores que producen estrés y malestar emocional, que deben abordarse de manera urgente tanto por el individuo, la familia, las escuelas y las políticas para reconocer, mitigar y promover la solución de este fenómeno.
Palabras clave: procrastinación, estudiantes universitarios, estrés, rendimiento académico.
Introducción
El fenómeno de la procrastinación puede ser definido como un retraso irracional voluntario en la realización de una acción, a pesar de que esto represente consecuencias negativas conocidas o predecibles. Esta situación tiene una alta repercusión en la población estudiantil; para algunos simplemente podría ser un problema de desorganización o de una actitud perezosa hacia las actividades encomendadas, pero en realidad, el que vive este problema está “huyendo emocionalmente” de situaciones que considera demasiado complejas y con alto nivel de incertidumbre, lo que a su vez le genera ansiedad, malestar y disminución en su autopercepción sobre la capacidad para resolver tareas solicitadas; es importante mencionar que esto se da en un contexto en el que la percepción de éxito y/o fracaso de un estudiante universitario en muchas ocasiones se reduce a medir sus calificaciones (sin evaluar el proceso de lo que realmente aprende), con repercusiones en su esfera mental, social y familiar.
Antecedentes históricos y conceptuales
La palabra “procrastinación” significa literalmente “dejarlo para mañana”. Este tipo de conductas se han documentado desde tiempos antiguos entre los humanos como una tendencia natural e inclusive necesaria, sin embargo, fue hasta finales del siglo XX que el mundo científico analizó la procrastinación como un problema de control emocional y de la conducta; en 1995, Ferrari, Johnson y McCown la clasificaron como un evento ocasional y crónico, siendo una conducta que afecta no solo el rendimiento académico, sino a la salud mental y que deteriora la calidad de vida.
Steel en el 2007 la definió como “un retraso voluntario, autodestructivo e irracional de las actividades que debe realizar”, con la peculiaridad de que esta conducta le acarreará consecuencias negativas que pueden prevenirse y atenderse antes de que se presenten. Por lo que, además de ser una forma de falla en los procesos de autorregulación, la investigación actual apoya el hecho de que la procrastinación se utiliza como una herramienta disfuncional para ayudar a lidiar con tareas que las personas consideran amenazantes, abrumadoras o que producen ansiedad y malestar (Sirois & Pychyl, 2013).
En el contexto educativo actual, este problema se ha comenzado a abordar de manera más científica e integral; múltiples investigaciones han demostrado que la procrastinación académica no es solo una cuestión de hábitos de estudio, sino que también refleja procesos psicosociales complejos como la ansiedad, la baja autoestima y el manejo del estrés (Chimoy Casiano et al., 2024).
Perspectiva actual en la población escolar mexicana
La procrastinación tiene su mayor incidencia en los estudiantes de 15 a 25 años (en las fases de adolescencia tardía y adultez temprana), cuando se deben enfrentar exigencias académicas mayores, decisiones trascendentes en la vida laboral, profesional y personal, y mientras los cambios emocionales tienen un mayor impacto que en el resto de la población.
Por ejemplo, en el caso de los estudiantes universitarios, Sánchez-Rosas y Ramírez (2023) mencionan que 78.3% admite procrastinar habitualmente en tareas académicas importantes, particularmente en entornos en los que no son supervisados de cerca. Escurra y Salas (2022) informan que 62% de los estudiantes de preparatoria procrastina en niveles medios y altos, lo que se traduce en un bajo rendimiento académico y un alto nivel de estrés.
García-Murillo y sus colaboradores estudiaron en la Facultad de Medicina de la UNAM en el año 2023; reportaron que 27% de su entorno tuvo un nivel muy alto de procrastinación en sus actividades académicas, con síntomas acompañantes como fatiga, falta de concentración, estrés y un bajo desempeño en sus exámenes y tareas; esto es aún más grave cuando tomamos en cuenta que en la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo (ENUT, 2022) se expone que los jóvenes de 15 a 24 años pasan en promedio más de tres horas al día utilizando dispositivos móviles con fines recreativos y de ocio, que se consideran las principales fuentes de distracción asociadas a la procrastinación.
Afectación en el rendimiento y la salud mental
Es importante señalar que las consecuencias de la procrastinación se extienden más allá del ámbito escolar, ya que muchas investigaciones relacionan este fenómeno con problemáticas que incluyen la desesperanza, ansiedad, depresión, problemas para conciliar el sueño y un agotamiento extremo que impiden realizar todas las actividades que se espera de los afectados.
Un metaanálisis de van Eerde (2016) reveló que la procrastinación estaba moderadamente relacionada con un menor bienestar general, lo que a su vez propiciaba mayor estrés, síntomas de depresión y emociones asociadas a la culpa. Dominguez-Lara y Bernal describen en el 2021 que un nivel mayor de procrastinación está altamente asociado con niveles de ansiedad, baja autoestima y niveles bajos de satisfacción con las metas y propósitos trazados.
De igual manera, otro aspecto que está directamente involucrado con este fenómeno es el fracaso en la realización de tareas, ya que los alumnos se sienten incapaces de resolver cosas, lo cual disminuye su ya de por sí baja autoestima y motivación intrínseca, que junto a la percepción externa de ser catalogado como “perezoso”, alimenta un círculo vicioso difícil de romper, debido a que cuanto más se retrasa el hacer las cosas, aumenta la culpabilidad, disminuye la eficiencia y se presenta de manera más persistente la dificultad para retomar lo que se estaba haciendo.
Es importante mencionar que la procrastinación no solamente se reduce a esta problemática personal, sino que también afecta el nivel educativo, lo cual se traduce en un aumento en la tasa de abandono, bajas calificaciones, eficiencia terminal y la no utilización de los recursos académicos que nos ofrecen las instituciones de nivel medio superior y superior, que termina impactando negativamente los indicadores de calidad educativa.
¿Se puede resolver esta problemática?
La procrastinación, como lo hemos mencionado antes, es un problema complejo, por lo que debemos generar una intervención sistémica e integral, con una colaboración tanto del estudiante, su familia y la sociedad que convive con ellos, lo cual incluye, por supuesto, a las instituciones educativas y gubernamentales a partir de políticas claras para promover intervenciones basadas en evidencia para enfrentar esta situación.
El alumno en el centro
Existen diversas estrategias de autorregulación del tiempo altamente efectivas, entre ellas podemos destacar la técnica de Pomodoro (25 minutos de trabajo, 5 minutos de descanso); la estrategia denominada “objetivos SMART” (específicos, medibles, alcanzables, relevantes y con plazo), que aumenta la eficiencia de la planificación y reduce de manera importante la procrastinación (Sánchez y López, 2020); también es un recurso útil el uso de un diario o libreta de reflexión, en el que, tras plasmar ideas y hechos diarios, ayuda a las alumnas y alumnos a evidenciar sus conductas evitativas y crear estrategias individualizadas para superarlas, con el fin de cuestionar y reestructurar los pensamientos erróneos que están asociados con la tarea («no puedo», «todo va a salir mal»), por lo que combinar la planeación conductual con la situación emocional es efectivo para estudiantes con altos niveles de procrastinación (Rozental et al., 2015).
Medidas institucionales
Es imprescindible crear una cultura educativa en las escuelas y universidades que valore no solamente las calificaciones, sino el aprendizaje. Esto incluye investigaciones para determinar la prevalencia e incidencia de la problemática, al igual que la realización de tutorías académicas, talleres de gestión del tiempo, espacios de escucha activa y valoraciones psicoafectivas constantes. Es importante reconocer que tanto en la UNAM como en el IPN, existen en algunas escuelas y facultades programas denominados «Tutor Estudiantil» o «Mentor Académico», los cuales han demostrado ser muy efectivos ofreciendo apoyo entre pares y reduciendo el aislamiento social al que pueden estar sometidos los estudiantes; al ser escuchados, se les podrá mantener enfocados, motivados y se tendrá la posibilidad de monitorizar sus avances y dar retroalimentaciones y acompañamiento eficiente (Murillo, González-Campo & Piñeros, 2021).
Rol de la familia y la comunidad
Tal vez el pilar más valioso para solventar la problemática sea el apoyo familiar, ya que construir hábitos saludables comienza en el hogar, además, la familia es la fortaleza de la sociedad, la cual refuerza o desalienta hábitos y costumbres; actos simples como lo son crear rutinas, dar espacios de estudio, mantener horarios, generar límites y otorgar espacios seguros de comunicación, son de gran ayuda. También es fundamental que los padres y tutores se den cuenta de que, como con cualquier otra persona, la procrastinación no equivale a pereza, es un signo de inseguridad o trauma emocional que necesita empatía y apoyo.
De igual manera, es valioso que a nivel comunitario existan campañas sobre el tema, al igual que de otros tópicos relacionados con la salud mental y el bienestar estudiantil, no solo en situaciones académicas, sino en la calidad de vida, ya que esto ayudaría a normalizar el acudir a consulta con psicólogos y especialistas en salud mental, pues rara vez son utilizados por los jóvenes que se sienten avergonzados y muchas veces temerosos de ser estigmatizados por su condición.
Conclusión
La procrastinación académica es un problema relevante y altamente prevalente en los adolescentes y jóvenes adultos mexicanos. No es tan simple como un mal hábito, y en la mayoría de las ocasiones, es el inicio de una serie de disparidades emocionales, académicas y de adaptación en sus mecanismos de socialización, las cuales necesitan ser abordadas de manera integral. Sus repercusiones pueden ir desde un bajo rendimiento en la escuela hasta consecuencias más graves para su salud mental, bienestar psicológico, social e incluso el abandono educativo.
Por lo tanto, es importante recordar que superar la procrastinación no tiene relación con la voluntad de los estudiantes, sino que va más allá de eso. Se necesita propiciar un entorno seguro, organizado y más empático para lidiar con las problemáticas propias de la edad y realidad, además de construir una relación más saludable entre la persona, sus obligaciones, los estudios, el tiempo, el entorno y las personas con las que se convive.
Sugerencia de citación:
Vilchis-Chaparro, E., Figueroa-García, J. & Reyes-Sánchez, E.B. (2026, septiembre). Procrastinación en los jóvenes mexicanos: un reto educativo pendiente. Medicina y Cultura, 4(2), mc26-a19. https://doi.org/10.22201/fm.medicinaycultura.2026.4.2.19

Eduardo Vilchis-Chaparro
El Dr. Eduardo Vilchis Chaparro es médico cirujano egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y especialista en Medicina Familiar por la misma institución. Su sólida formación académica se complementa con una maestría en Ciencias de la Educación Familiar, así como con los doctorados en Ciencias de la Familia y en Alta Dirección en Establecimientos de Salud, consolidando un perfil de excelencia tanto en el ámbito clínico y de investigación, así como en el académico y administrativo.
Contacto: lalovilchis@gmail.com

Juan Figueroa-García
Médico cirujano egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y especialista en Medicina Familiar por la misma institución. Actualmente se desempeña como director del Centro de Investigación Educativa y Formación Docente Siglo XXI del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS).
Contacto: figueroagj@hotmail.com

Evelyn Berenice Reyes-Sánchez
Medica especialista en Medicina Familiar, profesora de ciclos clínicos de la licenciatura en Medicina en la UVM, egresada de la Facultad de Medicina de la UNAM, actualmente adscrita a la Unidad de Medicina Familiar No.7 «Huipulco» del IMSS.
Contacto: draebrs09@gmail.com
Referencias
Chimoy Casiano, C. C., Yessmin Idrogo Tarrilo, C. N., Montoya Pajares, P. T., & Irigoin Hoyos, S. (2024). Procrastinación académica y ansiedad en estudiantes universitarios: Una revisión sistemática de la literatura. Ciencia Latina Revista Científica Multidisciplinar, 8(3), 9575–9598. https://doi.org/10.37811/cl_rcm.v8i3.12105
Domínguez-Lara, S., & Bernal, S. (2021). Relación entre procrastinación académica y sintomatología ansiosa en estudiantes universitarios. Revista de Psicología y Ciencias del Comportamiento, 11(2), 27–34. https://doi.org/10.29365/rpcc.v11i2.2145
Escurra, M., & Salas, M. (2022). Procrastinación académica y rendimiento escolar en estudiantes de bachillerato. Revista Mexicana de Investigación Educativa, 27(94), 345–369. https://doi.org/10.22201/comie.16076079e.2022.94.1418
Ferrari, J. R., Johnson, J. L., & McCown, W. G. (1995). Procrastination and task avoidance: Theory, research, and treatment. Springer.
García-Murillo, M., Soto, A., & Valenzuela, L. (2023). Procrastinación y estrés en estudiantes de medicina de nuevo ingreso. Revista de Investigación Educativa de la Facultad de Medicina, 14(1), 55–68. https://doi.org/10.22201/facmed.riem.2023.14.1.1549
Murillo-Vargas, G., González-Campo, C. H., & Piñeros, A. S. (2021). Modelo de evaluación del bienestar estudiantil universitario en Colombia. Formación Universitaria, 14(2), 133–140. https://doi.org/10.4067/S0718-50062021000200133
Rozental, A., Carlbring, P., Forsell, E., et al. (2015). Internet-based cognitive–behavior therapy for procrastination: A randomized controlled trial. Journal of Consulting and Clinical Psychology, 83(4), 808–824. https://doi.org/10.1037/ccp0000023
Sánchez, D., & López, J. (2020). Estrategias de autorregulación en el rendimiento académico. Perfiles Educativos, 42(167), 141–159. https://doi.org/10.22201/iisue.24486167e.2020.167.59602
Sánchez-Rosas, J., & Ramírez, R. (2023). Procrastinación y desempeño académico en contextos universitarios mexicanos. Psicología Iberoamericana, 31(1), 75–92. https://doi.org/10.48102/pi.v31i1.417
Sirois, F. M., & Pychyl, T. A. (2013). Procrastination and the priority of short-term mood regulation: Consequences for future self. Social and Personality Psychology Compass, 7(2), 115–127. https://doi.org/10.1111/spc3.12011
Steel, P. (2007). The nature of procrastination: A meta-analytic and theoretical review of quintessential self-regulatory failure. Psychological Bulletin, 133(1), 65–94. https://doi.org/10.1037/0033-2909.133.1.65
van Eerde, W. (2016). A meta-analytic review of the relationship between procrastination and mental health. Personality and Individual Differences, 101, 1–8. https://doi.org/10.1016/j.paid.2016.05.004
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