Más allá de los fármacos: neuromodulación como alternativa para la depresión
Diana Patricia Guizar-Sánchez, Arantza Martínez-Zarraluqui y Ricardo Jesús Martínez-Tapia

Resumen: La depresión no es solo estar triste por un tiempo. Es un problema serio de salud mental que afecta cómo una persona se siente, piensa y actúa en su vida diaria. Quienes la padecen suelen experimentar una tristeza profunda y constante, además de perder el interés en cosas que antes disfrutaban, problemas para dormir, cambios en el apetito, fatiga y dificultad para concentrarse. Esta enfermedad no tiene una sola causa, intervienen factores como: herencia, experiencias de vida y cambios en el funcionamiento del cerebro; por eso, su tratamiento requiere un enfoque completo, que generalmente combina psicoterapia y medicamentos, según la gravedad del caso. Sin embargo, una proporción considerable de pacientes no responde adecuadamente a los tratamientos convencionales, es ahí cuando la neuromodulación (invasiva y no invasiva) representa un avance crucial para el tratamiento. La neuromodulación es un conjunto de técnicas que buscan influir en la actividad del cerebro para mejorar su funcionamiento. A través de estímulos eléctricos o magnéticos, estas técnicas ayudan a regular los circuitos cerebrales que pueden estar alterados durante la depresión.

Palabras clave: trastorno depresivo mayor, neuromodulación, neuroplasticidad, neuromodulación invasiva, neuromodulación no invasiva.

“Los problemas de salud mental no definen quién eres. Son algo que experimentas. Caminas bajo la lluvia y sientes la lluvia, pero, lo más importante, tú no eres la lluvia”. 
— Matt Haig

La depresión y su complejidad

La depresión no es simplemente estar triste, es uno de los trastornos de salud mental más frecuentes en todo el mundo y afecta profundamente la vida de quienes la padecen. A diferencia de la tristeza común, que suele ser pasajera y tiene una causa clara, la depresión se caracteriza por un estado de ánimo bajo que se mantiene por semanas o meses, acompañado de una fuerte pérdida de interés o placer por actividades que antes eran significativas o agradables, pero sus efectos no se limitan al estado emocional. La depresión afecta muchos aspectos del funcionamiento diario; se acompaña por una serie de síntomas emocionales o afectivos (ánimo deprimido, desesperanza), conductuales (aislamiento, pérdida de interés en las actividades), somáticos (trastornos del sueño, del apetito y del nivel de energía) y cognitivos (sentimientos de inutilidad, pensamientos de culpa excesiva o inapropiada). No hay una sola causa para la depresión. Es una condición compleja que surge de la interacción de múltiples factores, entre ellos están los factores genéticos (la predisposición heredada), los psicológicos (como el manejo del estrés o experiencias traumáticas), los sociales (como el aislamiento o las condiciones de vida) y los neurológicos (figura 1).

Figura 1. La depresión mayor trasciende la concepción simplista de «tristeza patológica», emergiendo como un trastorno multisistémico con substratos psicológicos, neurológicos, inmunológicos y endocrinos. Es una enfermedad real y compleja, no es un signo de debilidad ni algo que se pueda superar solo con fuerza de voluntad o el simple “echarle ganas”. (Esquema proporcionado por los autores)

La depresión constituye un desafío significativo para la salud pública a nivel mundial, por ejemplo, de acuerdo con datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), cerca de 280 millones de personas en todo el mundo sufren algún tipo de depresión, lo que representa alrededor de 3.8% de la población total. En México, la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición Continua 2022 reportó que 16.7% de los adultos presenta algún tipo de sintomatología depresiva, siendo más frecuente en los adultos mayores (38.3%), si lo comparamos con adultos de otras edades (11.3%).

Para hacer el diagnóstico, se requiere de la presencia de al menos cinco síntomas durante un periodo mínimo de dos semanas, y que represente un cambio respecto al funcionamiento previo del individuo, en el cual, al menos uno de los síntomas debe ser el estado de ánimo deprimido o la anhedonia (pérdida de interés o placer). Otros síntomas adicionales incluyen: la alteración en el sueño (insomnio o hipersomnia), cambios significativos en el apetito o el peso, fatiga o pérdida de energía, sentimientos de inutilidad o culpa excesiva, disminución de la capacidad de concentración o indecisión y pensamientos recurrentes de muerte o ideación suicida. En la práctica médica, el diagnóstico debe apoyarse en una evaluación clínica estructurada, el juicio del profesional de salud mental y el uso de instrumentos psicométricos validados, como el inventario de depresión de Beck (BDI) o la escala de depresión de Hamilton (HAM-D), que son útiles para evaluar la severidad, el curso de la enfermedad y la respuesta al tratamiento.

Los diversos tratamientos de la depresión

Hablar del tratamiento para la depresión es hablar de una esperanza real para los pacientes; hoy en día existen diversas estrategias que son muy efectivas y seguras. Lo más importante es que el abordaje de esta enfermedad considere su complejidad: no solo afecta el cuerpo o la mente, sino también a la manera en que las personas se relacionan, viven y enfrentan el día a día. Por eso, los tratamientos actuales suelen combinar varias estrategias que se adaptan a cada persona. Las principales guías clínicas internacionales –como la de la National Institute for Health and Care Excellence (NICE) y la American Psychiatric Association (APA)– recomiendan una combinación personalizada de psicoterapia, medicamentos y estrategias de apoyo psicosocial que, en general, dependen de la gravedad del episodio, la presencia de comorbilidades, el historial de tratamientos previos y las preferencias del paciente.

Psicoterapia. Esta estrategia sigue siendo un pilar fundamental del tratamiento, especialmente para los pacientes que presentan cuadros leves y moderados de depresión. Entre las modalidades con mayor evidencia científica, destacan la terapia cognitivo–conductual (TCC) y la terapia interpersonal, ambas están orientadas a modificar patrones disfuncionales de pensamiento, comportamiento y relación.

Tratamiento con medicamentos. Cuando los síntomas son más intensos, los medicamentos antidepresivos pueden ser fundamentales. Estos actúan sobre ciertas sustancias químicas del cerebro, como la serotonina y la noradrenalina, que están relacionadas con el estado de ánimo. Los medicamentos más utilizados en la actualidad son los llamados ISRS (inhibidores selectivos de la recaptura de serotonina), entre los que se encuentran la sertralina, el escitalopram y la fluoxetina, son eficaces, seguros y, en general, bien tolerados.

En algunos casos, especialmente cuando hay síntomas físicos como fatiga persistente, dolor o problemas para dormir, se puede recurrir a otros tipos de medicamentos, como los IRSN (inhibidores de la recaptura de serotonina y noradrenalina), por ejemplo la venlafaxina o la duloxetina, que pueden brindar alivio adicional.

¿Y si los tratamientos tradicionales no funcionan? Neuromodulación, una alternativa terapéutica

A pesar de los avances, no todos los pacientes responden bien a los tratamientos convencionales. Esto ha motivado la búsqueda de nuevas alternativas, y una de las más prometedoras es la neuromodulación.

La neuromodulación actúa sobre los circuitos cerebrales implicados en la depresión, modulando su actividad para restaurar patrones más saludables de funcionamiento y, así, aliviar los síntomas del trastorno.

¿Cómo actúa la neuromodulación en el cerebro?

La neuromodulación es una forma innovadora de tratar la depresión. A diferencia de los medicamentos, que actúan sobre las sustancias químicas del cerebro (llamados neurotransmisores), la neuromodulación actúa directamente sobre la actividad eléctrica de ciertas zonas cerebrales involucradas en el estado de ánimo. Esto se logra aplicando estímulos desde el exterior del cuerpo —como impulsos magnéticos o eléctricos— para ayudar al cerebro a funcionar de forma más equilibrada. Estas técnicas buscan «activar» o «calmar» regiones específicas del cerebro que en la depresión suelen estar funcionando de manera desorganizada o desbalanceada.

Este tipo de intervención representa un cambio importante en la forma de entender y tratar los trastornos mentales. Ya no se trata solo de ajustar los niveles de ciertos químicos en el cerebro, sino de influir directamente en los circuitos neuronales que regulan nuestras emociones, atención y comportamiento (figura 2).

Figura 2. Fundamentos neurobiológicos de la neuromodulación. (Esquema proporcionado por los autores)

Investigaciones recientes han descubierto algo muy interesante: en muchas personas con depresión el cerebro muestra señales de inflamación, parecidas a las que aparecen cuando el cuerpo está combatiendo una infección. Al parecer, algunas técnicas de neuromodulación ayudan a reducir esta inflamación, lo que podría explicar parte de su efecto positivo en los síntomas.

También se ha observado que tratamientos como la estimulación magnética transcraneal (TMS, por sus siglas en inglés) o incluso la terapia electroconvulsiva (ECT, una técnica más antigua pero aún útil en ciertos casos graves), pueden mejorar la conexión entre diferentes zonas del cerebro que se encargan de regular nuestras emociones.

En general, las técnicas de neuromodulación se dividen en dos grandes grupos:

  • No invasivas, como la TMS o la estimulación por corriente directa, que no requieren cirugía y se aplican desde el exterior del crá
  • Invasivas, como la estimulación cerebral profunda, que requieren procedimientos médicos más complejos, como la implantación de electrodos en el cerebro, y se reservan para casos muy específicos y graves.

Técnicas de neuromodulación no invasivas

  1. Estimulación magnética transcraneal (TMS)

La estimulación magnética transcraneal es una de las técnicas no invasivas más estudiadas y utilizadas clínicamente. Durante la sesión, el paciente permanece despierto y sentado cómodamente, mientras se aplica un estímulo magnético desde el exterior de la cabeza, en una zona específica del cerebro.

¿Cómo funciona? La TMS utiliza un aparato con una bobina que genera campos magnéticos, estos campos atraviesan el cráneo y llegan a ciertas regiones del cerebro, donde estimulan suavemente la actividad de las neuronas. Uno de los principales objetivos es una zona llamada corteza prefrontal dorsolateral izquierda, que suele estar menos activa en personas con depresión (figura 3), esta región del cerebro se ubica en la parte frontal y lateral del cerebro, justo detrás de la frente. Se podría pensar en la corteza prefrontal dorsolateral izquierda como el “director de orquesta” del pensamiento: ayuda a organizar las ideas, mantener la concentración y coordinar la respuesta emocional ante lo que nos pasa. Cuando no está funcionando bien, todo el sistema se desorganiza un poco: cuesta más pensar con claridad o mantener el ánimo.

Existen diversos tipos de TMS para el tratamiento de la depresión, dentro de los más estudiados están:

  • Estimulación magnética transcraneal repetitiva (rTMS). Es la forma más común. Se aplica una vez al día, durante 20 a 30 minutos, de lunes a viernes, por unas cuatro a seis semanas. Este tratamiento ha demostrado ser efectivo para reducir los síntomas depresivos en muchas personas.
  • Estimulación magnética transcraneal acelerada (aTMS). En lugar de una sesión diaria, se aplican varias sesiones cortas por día (por ejemplo, diez sesiones de solo tres minutos cada una), lo que permite completar el tratamiento en tan solo cinco días. Para que sea más precisa, a veces se usa un estudio de imagen (llamado resonancia magnética) que guía exactamente dónde aplicar la estimulación
  • Estimulación theta burst intermitente (iTBS). Es una versión más rápida, en la que se aplican ráfagas de estimulación en ciclos muy cortos. Cada sesión puede durar solo tres o cuatro minutos. A pesar del poco tiempo, puede ser igual de efectiva que la TMS tradicional.

¿Qué se espera del tratamiento? Los efectos de estas técnicas pueden variar. En algunos casos, los síntomas de la depresión siguen mejorando incluso después de terminar las sesiones. En otros, la técnica ayuda a mantener los beneficios por más tiempo. Lo importante es que son opciones respaldadas por evidencia científica y cada vez más accesibles.

Figura 3. Estimulación magnética transcraneal en el tratamiento de depresión aplicado en la región cerebral llamada corteza prefrontal dorsolateral izquierda. (Esquema proporcionado por los autores)

  1. Estimulación transcraneal de corriente directa (tDCS)

Es una técnica de neuromodulación cerebral no invasiva que utiliza una corriente eléctrica de baja intensidad (tan leve que muchas personas apenas la notan) mediante dos pequeños electrodos colocados sobre el cuero cabelludo. Esta corriente actúa directamente sobre ciertas zonas del cerebro, ayudando a modificar su actividad y a mejorar su funcionamiento. En personas con depresión, se ha identificado una alteración funcional en ciertas regiones de nuestro cerebro, en particular, la corteza prefrontal dorsolateral izquierda tiende a presentar menor actividad de lo habitual, mientras que su contraparte derecha puede mostrar una mayor activación. Esta asimetría se asocia con síntomas como tristeza persistente, falta de energía y dificultad para concentrarse.

La tDCS busca modular esta actividad cerebral aplicando una estimulación «excitadora» (a través del ánodo) sobre la zona izquierda para potenciar su funcionamiento, y una estimulación «inhibidora» (con el cátodo) sobre la zona derecha para atenuar su hiperactividad. Al hacerlo, se favorece una reorganización funcional del cerebro, conocida como plasticidad neuronal, lo que puede contribuir a la mejoría de los síntomas depresivos.

El tratamiento suele seguir un protocolo que incluye 15 sesiones diarias de 30 minutos y, posteriormente, cuatro sesiones de mantenimiento semanales. Es una técnica segura, bien tolerada y en proceso de consolidación como una opción terapéutica en salud mental (figura 4).

Figura 4. Estimulación de corriente directa en el tratamiento de depresión aplicada en la región cerebral llamada corteza prefrontal dorsolateral izquierda. (Esquema proporcionado por los autores)

Técnicas de neuromodulación invasivas y convulsivas

  1. Terapia electroconvulsiva (TEC): una intervención efectiva y segura cuando otras opciones no funcionan

La terapia electroconvulsiva, conocida como TEC, es un procedimiento médico utilizado para tratar trastornos mentales graves, como la depresión mayor. Consiste en aplicar pequeñas corrientes eléctricas al cerebro mientras el paciente está bajo anestesia general —es decir, en un estado controlado de inconsciencia inducido por medicamentos, en el que no siente dolor ni está consciente del procedimiento—.

La estimulación eléctrica provoca una convulsión breve y controlada, que no es dolorosa ni peligrosa: se trata de una respuesta eléctrica cerebral cuidadosamente inducida por los médicos, distinta a las convulsiones espontáneas que ocurren en otros trastornos como la epilepsia (figura 5).

Aunque puede sonar alarmante, la TEC ha sido profundamente refinada a lo largo del tiempo. Hoy en día, es un tratamiento seguro, eficaz y con mínimos efectos secundarios cuando se realiza adecuadamente. Su mecanismo de acción no se comprende del todo, pero se sabe que genera cambios importantes en la actividad cerebral y en los niveles de ciertos neurotransmisores como la serotonina, dopamina y acetilcolina, los cuales están involucrados en la regulación del estado de ánimo.

La TEC sigue siendo considerada el “estándar de oro” en psiquiatría para casos específicos, sobre todo cuando otros tratamientos han fallado. Ha demostrado ser especialmente útil en personas con depresión severa acompañada de síntomas psicóticos (como delirios o alucinaciones) y en adultos mayores con cuadros depresivos persistentes. También se ha utilizado con buenos resultados en pacientes con demencia vascular que presentan síntomas depresivos, ayudando a mejorar su calidad de vida.

En resumen, lejos de los estigmas del pasado, la TEC actual es una herramienta terapéutica de alta eficacia, cuidadosamente administrada y respaldada por décadas de evidencia clínica.

Figura 5. Terapia electroconvulsiva en el tratamiento de la depresión. Los electrodos se colocan en ambos hemisferios de la cabeza, generalmente en la región frontotemporal derecha e izquierda. (Esquema proporcionado por los autores)

  1. La estimulación del nervio vago (ENV)

Es una técnica de neuromodulación que busca mejorar el estado de ánimo mediante impulsos eléctricos aplicados a un nervio muy especial: el nervio vago. Este nervio recorre gran parte del cuerpo y forma parte del sistema nervioso parasimpático, el encargado de ayudar al organismo a relajarse después del estrés. Además, participa en funciones tan importantes como el ritmo cardíaco, la digestión y, lo que aquí nos interesa más, la regulación emocional.

La ENV se ha investigado principalmente en personas con depresión resistente al tratamiento, es decir, que no han respondido adecuadamente a medicamentos, psicoterapia o incluso otras opciones como la terapia electroconvulsiva (TEC) o la estimulación magnética transcraneal (TMS).

Aunque aún no se entiende del todo cómo actúa, se cree que la estimulación del nervio vago ayuda a modular ciertas redes cerebrales relacionadas con el estado de ánimo y la forma en que respondemos al estrés.

A diferencia de otras técnicas no invasivas, la ENV sí requiere una intervención quirúrgica para implantar un pequeño dispositivo bajo la piel (similar a un marcapasos) que envía impulsos eléctricos al nervio vago de forma continua o programada (figura 6).

En general, es un procedimiento bien tolerado, aunque pueden presentarse efectos secundarios como ronquera, tos o molestias en la garganta, y en casos poco comunes, complicaciones quirúrgicas.

En resumen, la estimulación del nervio vago representa una alternativa valiosa para quienes no han logrado mejorar con otros tratamientos, ofreciendo una nueva vía para recuperar el equilibrio emocional.

Figura 6. Estimulación del nervio vago. (Esquema proporcionado por los autores)

  1. Estimulación cerebral profunda (ECP)

La estimulación cerebral profunda (ECP) es una técnica médica que consiste en implantar pequeños electrodos en áreas específicas del cerebro para regular su actividad mediante impulsos eléctricos. Esta intervención se realiza a través de pequeños orificios en el cráneo, practicados por un neurocirujano, y se guía con alta precisión utilizando imágenes del cerebro (figura 7).

Aunque esta técnica fue desarrollada originalmente para tratar trastornos del movimiento, como la enfermedad de Parkinson, hoy se estudia su aplicación en otros problemas de salud, incluyendo la depresión resistente al tratamiento. Esto se refiere a personas que no han mejorado a pesar de haber probado diversos tratamientos, como medicamentos, psicoterapia, terapia electroconvulsiva (TEC) o estimulación magnética transcraneal (TMS).

Para que la ECP sea efectiva, es clave identificar correctamente la región del cerebro a estimular. Esta elección se basa en un enfoque integral que combina estudios de imagen cerebral, modelos computacionales y una evaluación clínica detallada. El objetivo es intervenir los circuitos cerebrales que están desregulados en la depresión.

La ECP es considerada un tratamiento seguro y reversible, pero, al tratarse de una cirugía cerebral, puede tener riesgos como infecciones, molestias en el sitio del implante, o en casos raros, efectos secundarios neurológicos o psiquiátricos.

A pesar de su complejidad, la estimulación cerebral profunda representa una alternativa prometedora para quienes han agotado otras opciones, y sigue siendo objeto de investigación en centros especializados de neuropsiquiatría.

Figura 7. Esta técnica consiste en implantar electrodos en regiones específicas del cerebro para modular su actividad mediante impulsos eléctricos controlados. Estos electrodos se conectan a un generador de impulsos eléctricos (neuroestimulador), que se coloca bajo la piel, generalmente debajo de la clavícula o en la parte superior del tórax. (Esquema proporcionado por los autores)

Tabla 1. Técnicas de neuromodulación en el tratamiento de la depresión

Aplicaciones clínicas específicas de la neuromodulación

Las técnicas de neuromodulación no solo se utilizan en casos típicos de depresión. Investigaciones recientes muestran que también pueden ser útiles en poblaciones con necesidades especiales, como personas que han sufrido un accidente cerebrovascular, adultos mayores con demencia, o incluso adolescentes.

Futuras direcciones en neuromodulación

El campo de la neuromodulación para tratar la depresión está avanzando a gran velocidad. Nuevos enfoques, como los protocolos acelerados de estimulación magnética transcraneal (TMS), buscan reducir significativamente la duración del tratamiento y lograr mejoras en el estado de ánimo en menos tiempo que los protocolos tradicionales.

Uno de los grandes objetivos en esta área es personalizar los tratamientos, esto significa adaptar la terapia a cada persona, basándose en indicadores biológicos —llamados biomarcadores— que ayudan a predecir si un tratamiento está funcionando o si será efectivo. Por ejemplo, se están investigando ciertas sustancias o señales del cuerpo que podrían actuar como «pistas» para saber si el cerebro está respondiendo a la estimulación.

Además, la ciencia está explorando nuevas técnicas con tecnologías de última generación, como la fotobiomodulación (el uso de luz para estimular áreas específicas del cerebro) o la estimulación ultrasónica, que podría ofrecer una forma más precisa y dirigida de neuromodulación.

En conjunto, estos avances prometen abrir nuevas puertas para el tratamiento de la depresión, con métodos más rápidos, efectivos y adaptados a las necesidades de cada paciente.

Conclusiones

La neuromodulación está cambiando la forma en que entendemos y tratamos la depresión, sobre todo en personas que no mejoran con los tratamientos tradicionales como los medicamentos o la psicoterapia. Hoy en día contamos con distintas opciones, desde técnicas no invasivas como la estimulación magnética transcraneal (TMS) o la estimulación de corriente directa (tDCS), hasta procedimientos más avanzados como la terapia electroconvulsiva (TEC) y la estimulación cerebral profunda (ECP).

Estas terapias no solo han demostrado ser eficaces, sino que además actúan de manera diferente a los antidepresivos convencionales, ofreciendo nuevas posibilidades para aliviar los síntomas de la depresión.

El futuro de la neuromodulación es prometedor: se están desarrollando tratamientos más rápidos, personalizados y precisos, que probablemente se integren cada vez más a los esquemas de tratamiento estándar. Todo esto brinda una esperanza renovada a millones de personas en el mundo que viven con depresión resistente.

Agradecimientos:
Este artículo forma parte del proyecto PAPIIT clave: IA207824. Del cual el autor es responsable académico.

Sugerencia de citación:
Guizar-Sánchez, D.P., Martínez-Zarraluqui, A. & Martínez-Tapia R.G. (2026, marzo). Más allá de los fármacos: neuromodulación como alternativa para la depresión. Medicina y Cultura, 4(1), mc26-a03. https://doi.org/10.22201/fm.medicinaycultura.2026.4.1.3

Diana Patricia Guízar-Sánchez

Es médico cirujano por parte de la UNAM. Especialista en psiquiatría y psiquiatría infantil, por parte de la UNAM, con sede en el Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñíz”. Investigador nivel 1 SNII por parte de la SECIHTI

ORCID: 0000-0001-8905-6315

Contacto: guizar.diana@gmail.com

Arantza Martínez-Zarraluqui

Médico pasante de servicio social en investigación de la Comisión Interinstitucional para la Formación de Recursos Humanos para la Salud (CIFRHS).

ORCID: 0009-0006-0373-2022

Contacto: arantza.martinezza@anahuac.mx

Ricardo Jesús Martínez-Tapia

Es médico cirujano por parte de la UNAM. Doctor en Ciencias Biomédicas. Profesor de asignatura definitivo. Investigador nivel 1 SNII por parte de la SECIHTI.

ORCID: 0000-0003-3460-7065

Contacto: rmartinez@facmed.unam.mx

Lecturas recomendadas

Cruz Pérez, G. (2012). DE LA TRISTEZA A LA DEPRESIÓN. Revista Electrónica De Psicología Iztacala, 15(4). Recuperado a partir de https://www.revistas.unam.mx/index.php/repi/article/view/34739

OMS (2023) Depresión, World Health Organization. Disponible en: https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/depression (Acceso: 27 April 2025).

¿Qué es la depresión? (2022) Psychiatry.org. Recuperado el 30 de abril de 2025. Recuperado a partir de: https://www.psychiatry.org/patients-families/la-salud-mental/depresion/que-es-la-depresion

 

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