Los microplásticos como factor de riesgo emergente en enfermedad de Alzheimer
Alma Atziri Sánchez-Martínez, Daniela Michelle Miranda-Tabares y Diana Patricia Guizar-Sánchez

Resumen: La enfermedad de Alzheimer es un trastorno neurológico que afecta la memoria, el lenguaje, la orientación y la capacidad de tomar decisiones, provocando una pérdida progresiva de autonomía. Además de su impacto en quien la padece, representa un gran reto para las familias que asumen su cuidado.

Aunque las causas exactas aún no se conocen, los estudios han identificado múltiples factores relacionados, como ciertas alteraciones genéticas, el mal funcionamiento de proteínas cerebrales (como la beta-amiloide y la tau), procesos inflamatorios en el cerebro, problemas en la circulación sanguínea del sistema nervioso y cambios en los microorganismos que habitan en nuestro intestino lo que se conoce como microbiota intestinaly que también influyen en la salud cerebral.

Recientemente, los científicos han comenzado a investigar el posible papel de los microplásticos pequeñas partículas de plástico presentes en el agua, los alimentos y el aireen el desarrollo de enfermedades neurodegenerativas. Algunos estudios sugieren que, al llegar al cerebro, podrían empeorar la inflamación existente en el Alzheimer.

Aunque esta relación aún está en fase de estudio, los expertos proponen incluir este tipo de contaminantes en los modelos que explican cómo se desarrolla la enfermedad. El trabajo conjunto entre disciplinas que estudian el ambiente y el cerebro podría abrir nuevas vías para prevenir o tratar el Alzheimer.

Palabras clave: microplásticos, poliestireno, demencia, Alzheimer.

“El enfermo de Alzheimer no sabrá quién eres, pero sabrá que le quieres”
— Pilar Jové

Hace unos días, mientras cuidaba a mi abuelita con Alzheimer, me sentí abrumada por su deterioro y reflexioné sobre cómo cada vez más personas que conozco tienen familiares con esta enfermedad. Antes del diagnóstico de mi abuela, no lo había notado. Quizás porque estaba acostumbrada a escuchar sobre enfermedades como la diabetes o la hipertensión, que tienen antecedentes en casi todas las familias. Sin embargo, en México se estima que más de un millón trescientas mil personas padecen esta enfermedad.

La enfermedad de Alzheimer (EA) es la causa más frecuente de demencia, un término que se utiliza para describir el deterioro progresivo de funciones mentales como la memoria, el lenguaje, el juicio o la capacidad para realizar actividades cotidianas. Esta condición suele presentarse en personas mayores de 65 años, y con el tiempo impide que la persona lleve una vida independiente.

No solo afecta a quien la padece, también representa un gran desafío emocional y práctico para sus familiares y cuidadores.

¿Cuáles son las manifestaciones clínicas de esta enfermedad?

Detectarla a tiempo puede ser complicado, ya que los síntomas aparecen de forma lenta y progresiva. Es lo que se conoce como un inicio insidioso”. En algunos casos, los signos se vuelven más evidentes tras eventos como una caída, fiebre, un nuevo medicamento o una cirugía.

Es importante estar atentos a los siguientes cambios, especialmente en personas mayores:

  • Pérdida de memoria reciente
  • Desorientación en lugares conocidos o dificultad para reconocer rostros familiares
  • Problemas para hacer cálculos simples o tareas cotidianas
  • Dificultad para identificar objetos, formas o colores
  • Problemas para concentrarse, razonar o planear actividades
  • Alteraciones en el lenguaje, lectura y escritura
  • Cambios de humor o comportamiento
  • Trastornos del sueño (como dificultad para dormir o despertarse varias veces en la noche)
  • Ansiedad, depresión o apatía
  • Ideas delirantes, como creer que alguien los persigue o quiere hacerles daño

Estos síntomas no siempre significan Alzheimer, pero si son persistentes, es fundamental consultar a un especialista en neurología o geriatría.

¿Qué causa esta enfermedad?

La causa exacta de la enfermedad de Alzheimer aún no se conoce con certeza. Sin embargo, los especialistas coinciden en que se trata de un proceso complejo en el que intervienen múltiples factores. En el cerebro de las personas que la padecen, se han identificado alteraciones en proteínas como la beta-amiloide y la tau, que se acumulan de forma anormal y dificultan la comunicación entre las neuronas. También se ha observado que existe una inflamación crónica en el sistema nervioso, así como cambios en la microbiota intestinal es decir, los microorganismos que viven en nuestros intestinos y que, sorprendentemente, influyen también en la salud del cerebro. Además, los antecedentes familiares, la predisposición genética y ciertas condiciones médicas como la hipertensión, la diabetes o el colesterol elevado pueden aumentar el riesgo de desarrollar esta enfermedad. En los últimos años, algunas investigaciones han comenzado a explorar el papel de factores ambientales como la contaminación o la exposición a microplásticos, pequeñas partículas que se encuentran en el aire, el agua y los alimentos, y que podrían tener un impacto negativo en la salud cerebral. Aunque esta relación aún se encuentra en estudio, ha despertado gran interés en la comunidad científica.

Comprender mejor estas posibles causas nos ayuda no solo a detectar el Alzheimer a tiempo, sino también a enfocar los esfuerzos en su prevención y tratamiento.

Microplásticos: pequeños invasores en tu comida, tu cuerpo… y quizá tu cerebro

¿Te has preguntado cuánta cantidad de plástico se produce en el mundo? Probablemente no. Sin embargo, cada año se fabrican más de 300 millones de toneladas de plástico a nivel global, la mayoría de los cuales no se deshace fácilmente y termina contaminando el planeta. Se trata de materiales duraderos y prácticos, pero también persistentes, que pueden permanecer en el ambiente durante décadas.

Cerca de 10% de todo ese plástico termina en los océanos, donde se fragmenta poco a poco en partículas cada vez más pequeñas.

Estas diminutas partículas se conocen como microplásticos (cuando miden menos de 5 mm) o nanoplásticos (aún más pequeños, invisibles a simple vista). Provienen principalmente de la descomposición de productos de uso diario como botellas, bolsas, empaques, utensilios, ropa sintética, entre otros. Para simplificar, me referiré a todos ellos como microplásticos.

Hoy en día, los microplásticos están en todas partes. Se han encontrado en ríos, mares y lagos, pero también en los alimentos que comemos como pescados, mariscos, carne de cerdo o pollo, y en objetos comunes como bolsitas de té, botellas de agua, biberones, envases de comida, vasos desechables, ropa de nylon e incluso en chicles.

Estamos expuestos a ellos todos los días, y aunque no los veamos, ya han sido detectados en nuestros pulmones, intestinos, sangre… e incluso en la placenta.

La pregunta ya no es si están aquí, sino: ¿qué están haciendo en nuestro cuerpo? ¿Y cómo podrían estar afectando nuestra salud cerebral? (figura 1).

Figura 1. Los microplásticos pueden llegar a nuestros platos de comida y, según investigaciones, representan un riesgo para el cerebro al provocar reducción de ciertas áreas relacionadas con la memoria, el aprendizaje y la regulación emocional. (Esquema proporcionado por los autores)

¿Cómo entran los microplásticos a nuestro cuerpo… y hasta el cerebro? Los microplásticos, por ser partículas muy pequeñas, pueden ingresar a nuestro cuerpo sin que lo notemos. Esto puede suceder al comer, beber agua, respirar o incluso a través de la piel. Una vez dentro, no se quedan en un solo lugar: pueden viajar por el organismo y llegar a distintos órganos, incluido el cerebro.

Pero ¿cómo logran llegar tan lejos? El cerebro está protegido por una especie de filtro” natural llamado barrera hematoencefálica (BHE), que normalmente impide que sustancias peligrosas pasen desde la sangre hacia el sistema nervioso. Sin embargo, se ha visto que los microplásticos pueden debilitar esta barrera, afectando las proteínas que mantienen unidas sus células y permitiendo su entrada.

Además, como estas partículas pueden disolverse en grasas, tienen facilidad para instalarse en órganos vitales. Lo más preocupante es que también funcionan como vehículos de sustancias tóxicas. En su superficie pueden transportar metales pesados, residuos de antibióticos y químicos peligrosos que provienen del petróleo, los pesticidas y los plásticos industriales.

En otras palabras, estos diminutos invasores no solo están en el ambiente, también pueden recorrer nuestro cuerpo cargando contaminantes y alcanzar zonas tan delicadas como el cerebro. Aunque los estudios aún están en desarrollo, esta posibilidad ha encendido las alertas en la comunidad científica sobre sus efectos en la salud neurológica.

¿Qué pasa en el cerebro de una persona con Alzheimer?

En la enfermedad de Alzheimer, el cerebro sufre un proceso llamado neurodegeneración, que significa la pérdida lenta y progresiva de las neuronas, las células encargadas de procesar la información. Esta pérdida afecta funciones mentales importantes como la memoria, el lenguaje, la atención y el pensamiento (figura 2).

Una de las principales causas de este daño es la acumulación de proteínas anormales que el cerebro no puede eliminar correctamente. Estas proteínas interfieren con el funcionamiento normal de las neuronas y terminan dañándolas. Las dos más importantes son:

  1. Proteína beta-amiloide (Aβ): en condiciones normales, el cuerpo elimina esta proteína con ayuda de sus defensas naturales (sistema inmunológico), a través de células llamadas macrófagos y otras que se encuentran en el cerebro, como la microglía. Pero en el Alzheimer, estas células no pueden eliminar ciertos fragmentos de la proteína, conocidos como Aβ40 y Aβ42, que se acumulan formando placas entre las neuronas. Estas placas dificultan la comunicación entre las células, causan inflamación y dañan el tejido cerebral (figura 2).
  2. Proteína tau: esta proteína normalmente ayuda a mantener el «esqueleto interno» de las neuronas, como si fuera una red de caminos por los que se transporta nutrientes. En el Alzheimer, la proteína tau se modifica de forma anormal y se agrupa dentro de las neuronas formando ovillos o enredos que bloquean estos caminos. El resultado: las neuronas dejan de funcionar y mueren, especialmente en las zonas del cerebro responsables de la memoria y el pensamiento.

¿Qué otras cosas ocurren en el cerebro? La acumulación de estas proteínas no solo interfiere con el funcionamiento de las neuronas: también desencadena una serie de daños adicionales:

  • Inflamación crónica: el cerebro activa sus defensas, pero esa respuesta, en lugar de proteger, empeora el daño
  • Estrés oxidativo: ocurre un desequilibrio entre radicales libres y antioxidantes, lo que daña las estructuras celulares
  • Problemas en la comunicación entre neuronas (sinapsis): las células dejan de enviarse señales correctamente
  • Muerte neuronal: con el tiempo, todo esto lleva a la pérdida masiva de neuronas y a una disminución del volumen del cerebro, especialmente en áreas clave como el hipocampo y la corteza cerebral

Todos estos procesos hacen que las personas afectadas desarrollen lo que se conoce como demencia tipo Alzheimer, una condición progresiva que afecta la vida diaria, la autonomía y el bienestar emocional tanto del paciente como de su entorno.

Figura 2. Las placas de amiloide y los ovillos neurofibrilares impiden la sinapsis, provocando la muerte neuronal y la disminución de la corteza cerebral. Las citocinas son sustancias involucradas en la inflamación y también estimulan la producción de especies reactivas de oxígeno (ROS), se vuelve un bucle, ya que la secreción de ROS activa la generación de más citocinas. (A) Conjunto de fibrillas crean las placas de amiloide. (B) Mientras que los oligómeros son estructuras como consecuencia de la agregación de fosfatos en exceso a tau. (Esquema proporcionado por los autores)

Quizás te preguntes: ¿qué relación podrían tener los microplásticos esas diminutas partículas que contaminan el agua, los alimentos y el airecon una enfermedad tan compleja como el Alzheimer? Aunque todavía no hay estudios concluyentes en humanos, nuevas investigaciones en laboratorio empiezan a mostrar datos preocupantes sobre cómo estos contaminantes podrían influir en el deterioro del cerebro.

Un estudio publicado en 2024 por Journal of Hazardous Materials analizó el efecto del plástico tipo poliestireno (el mismo que se usa en unicel) en células humanas similares a las del cerebro. Descubrieron que, incluso en pequeñas cantidades, estas partículas aceleraban la formación de fibrillas amiloides, una estructura tóxica que se acumula en el cerebro de personas con Alzheimer.

Cuando los científicos combinaron estas diminutas partículas con una proteína relacionada con el Alzheimer (llamada Aβ42), notaron que las células empezaban a liberar una sustancia llamada LDH (lactato deshidrogenasa). Esta sustancia normalmente está dentro de las células, pero se libera cuando están dañadas. Su presencia indicó que había inflamación y toxicidad, es decir, un ambiente que podría favorecer el desarrollo de la enfermedad.

¿Qué pasa cuando se exponen animales a estos plásticos? Un estudio de 2023 publicado en Molecular Neurobiology, analizó a 50 ratones divididos en grupos: sanos, con Alzheimer, y con distintas dosis de poliestireno. Durante un mes, realizaron pruebas de memoria usando laberintos. Los ratones expuestos al plástico mostraron mayor deterioro cognitivo.

Al estudiar sus cerebros, se descubrió que los microplásticos habían provocado piroptosis microglial, es decir, la muerte de las células de limpieza del cerebro llamadas microglía. Estas células normalmente eliminan sustancias tóxicas, como la proteína beta-amiloide. Su destrucción dejó el terreno libre para que se acumularan estas placas, lo que agravó la inflamación cerebral y aceleró el deterioro cognitivo.

Un tercer estudio, también en ratones, encontró que partículas de poliestireno modificadas con aminoácidos habían llegado hasta el cerebro. ¿Cómo lo hicieron? Al alterar las proteínas que mantienen unidas las células, lograron atravesar la barrera hematoencefálica, la defensa natural del cerebro. Curiosamente, los investigadores descubrieron que el polen de Camellia (planta con propiedades antioxidantes) redujo el daño causado por estos plásticos.

Por último, una revisión publicada en 2024 analizó cómo los microplásticos, al ser ingeridos en la comida y el agua, pueden afectar la comunicación entre el intestino y el cerebro. Se ha demostrado que alteran las bacterias intestinales (lo que se conoce como disbiosis), generan inflamación y afectan tanto al sistema nervioso como al inmunológico.

¿Qué significa esto para nosotros? Aunque por razones éticas no se pueden hacer estudios invasivos en humanos, la evidencia en animales y en cultivos celulares sugiere que los microplásticos podrían estar contribuyendo al avance de enfermedades como el Alzheimer.

Sabemos que el eje intestino-cerebro juega un papel clave en la salud mental y neurológica, y estos hallazgos refuerzan la necesidad urgente de estudiar cómo los contaminantes ambientales están afectando nuestros cerebros.

Conclusiones: ¿Qué sabemos y qué podemos hacer?

Las investigaciones más recientes nos alertan sobre un nuevo enemigo silencioso para la salud del cerebro: los microplásticos. Estas diminutas partículas, presentes en el agua, los alimentos y el aire que respiramos, podrían estar relacionadas con el desarrollo o el avance de enfermedades como el Alzheimer.

Estudios científicos han mostrado que los microplásticos pueden atravesar barreras naturales del cuerpo, llegar al cerebro, provocar inflamación, alterar la actividad de proteínas asociadas al Alzheimer y acumular sustancias tóxicas como metales pesados. También se ha observado que afectan el delicado equilibrio entre el intestino y el cerebro, un vínculo cada vez más importante en la salud neurológica.

A pesar de estos hallazgos, aún hay mucho por descubrir. Se necesita seguir investigando para responder preguntas clave como:

  • ¿Qué cantidad de microplásticos representa un verdadero riesgo?
  • ¿Qué tipo de microplásticos (por su forma, tamaño o composición) son los más dañinos?
  • ¿Cómo, exactamente, contribuyen al deterioro de las neuronas?
  • ¿Cómo podemos detectar su presencia en el cuerpo humano?
  • ¿Qué estrategias son realmente efectivas para reducir la exposición?

Mientras la ciencia avanza, cada persona puede tomar acciones simples para reducir su exposición:

  • Usar recipientes de vidrio o acero inoxidable en lugar de plástico
  • Evitar calentar comida en envases plásticos, especialmente en microondas
  • Filtrar el agua que bebemos
  • Elegir productos naturales sobre sintéticos (como ropa o cosméticos)
  • Moderar el consumo de pescados y mariscos provenientes de zonas contaminadas

Aunque no podemos evitar completamente el contacto con microplásticos, sí podemos reducir nuestra exposición y apoyar políticas públicas que regulen su uso y controlen su impacto ambiental.

La colaboración entre la ciencia ambiental y la neurociencia podría no solo ayudarnos a entender mejor este problema, sino también abrir nuevas oportunidades para prevenir o tratar enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer.

Agradecimientos:
Este artículo forma parte del proyecto PAPIIT clave: IA207824. Del cual el autor es responsable académico.

Sugerencia de citación:
Sánchez-Martínez, A.A., Miranda-Tabares, D.M. & Guizar-Sánchez, D.P. (2026, marzo). Los microplásticos como factor de riesgo emergente en enfermedad de Alzheimer. Medicina y Cultura, 4(1), mc26-a06. https://doi.org/10.22201/fm.medicinaycultura.2026.4.1.6

Alma Atziri Sánchez-Martínez

Es médico cirujano por parte de la UNAM. Actualmente es colaborador del Laboratorio de Ciencias del Aprendizaje y Salud Mental, Departamento de Fisiología, Facultad de Medicina, UNAM.

ORCID: 0009-0009-9607-1471

Contacto: mars20033n@gmail.com

Daniela Michelle Miranda-Tabares

Es estudiante de medicina por parte de la UNAM. Alumna del Programa de Apoyo y Fomento a la Investigación Estudiantil (AFINES).

Contacto: mirandatabares.danielamichelle@gmail.com

Diana Patricia Guizar-Sánchez

Es médico cirujano por parte de la UNAM. Especialista en psiquiatría y psiquiatría infantil, por parte de la UNAM, con sede en el Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñíz”. Investigador nivel 1 SNII por parte de la SECIHTI.

ORCID: 0000-0001-8905-6315

Contacto: guizar.diana@gmail.com

Lecturas recomendadas

Wang, G., Lin, Y. & Shen, H. (2024). La exposiciòn a microplásticos de poliestireno promueve la progresiòn del deterioro cognitivo en la enfermedad de Alzheimer: asociaciòn con la inducciòn de proptosis microglial. . Mol Neurobiol 61, 900–907. https://doi org.pbidi.unam.mx:2443/10.1007/s12035-023-03625-z

Xiaoli Gou, Yongchun Fu, Juan Li, Juan Xiang, Minghui Yang, Yi Zhang, (2024). Impacto de los nanoplásticos en la enfermedad de Alzheimer: mayor agregación del péptido amiloide-β y neurotoxicidad aumentada. Revista de materiales peligrosos, Volumen 465. https://doi.org/10.1016/j.jhazmat.2024.133518

 

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