Resumen: La esquizofrenia no se define solo por delirios y alucinaciones, sino por una alteración más profunda en la conciencia de sí mismo. Este ensayo explora cómo la fragmentación en la agencia, la corporeidad y la continuidad del yo, precede y estructura la sintomatología psicótica. A través de un enfoque fenomenológico y neurocientífico, se argumenta que estas alteraciones no son un epifenómeno, sino el núcleo de la enfermedad. La evidencia sugiere que estas disrupciones emergen antes del primer brote y persisten a lo largo del tiempo, posicionándose como un marcador clave para la identificación temprana. Se propone una nueva perspectiva que trascienda las clasificaciones convencionales y considere la esquizofrenia como una ruptura en la estructura básica de la subjetividad, redefiniendo el diagnóstico y la intervención en el espectro esquizofrénico.
Palabras clave: trastornos de la conciencia de sí mismo, esquizofrenia, fenomenología, experiencia subjetiva, psicopatología.
Introducción
Al perseguir los trastornos mentales, solo podemos ver las huellas cuando el animal esta verdaderamente escondido en el bosque. En este sentido podríamos comenzar diciendo que la esquizofrenia es un trastorno mental complejo que no se caracteriza únicamente por delirios y alucinaciones, sino que implica una afectación profunda en la manera en la que el individuo se relaciona con el mundo, con su cuerpo y sus propios pensamientos; una afectación sobre la conciencia de sí mismo (la ipseidad).
La ipseidad tiene como propósito reconocernos a nosotros mismos en la experiencia que estamos viviendo y se vive a partir de dos propiedades fundamentales: el sentido de agencia y el sentido de posesión. El primero, es el sentimiento de que nosotros somos los progonistas de nuestras vivencias, acciones, pensamientos y sentimientos. En tanto que el sentido de posesión se vive en la dimensión de que nosotros somos los dueños de nuestras vivencias, sentimientos, emociones, pensamientos y actos: piensa en el momento que decidiste leer estas líneas y sientes que eres tú quien recorre con la mirada las palabras escritas. O cuando te levantas a abrir la ventana porque tienes calor: la acción está guiada por tu voluntad. Si este sentido se debilita, puedes sentir que alguien más está usando tu voz, que no eres tú quien está moviendo tus labios o que la sensación de calor no es tuya. Que no estás viviendo tus experiencias desde una perspectiva de primera persona.
El complemento de la ipseidad es el sentido de corporalidad, y este puede vivirse de dos distintas formas; el cuerpo como objeto y el cuerpo vivido. En tanto que el primero es pericbido como un objeto físico en el espacio –cuando te miras en el espejo, estás mirando tu cuerpo como objeto. Imagina que tus zapatos se han desamarrado, usarías tus manos como un objeto para ajustarlos, se vive desde la dimensión de tener un cuerpo–. El segundo es la propia experiencia de estar embebido en un cuerpo, es la dimensión de identificarse con su propio cuerpo –yo soy mi cuerpo. Mi mano, mi pie, mi cabeza, son mías y todas las sensaciones que provienen de ellas también lo son–.
Estas dos modalidades, le confieren al ser humano una calidad de inmediatez transparente y funcionan de manera pre-reflexiva (antes de que comencemos a pensar). Esto quiere decir que no hay distancia entre la corporalidad y la ipseidad. Esta última es indiscernible de habitar en el mundo, es el cuerpo quien le provee de una matríz que la sintoniza con el exterior.
Cuando el mundo y uno mismo dejan de encajar
Existe un conjunto de alteraciones sutiles e inespecíficas en el ánimo, la sociabilidad y la cognición que, bajo el marco conductista prevalente, resultan indistinguibles de otros trastornos mentales. Sin embargo, estas manifestaciones tempranas constituyen la base sobre la que se edificarán los síntomas psicóticos plenos, y son precisamente estos últimos los que, de manera habitual, permiten establecer el diagnóstico.
La hiperreflexividad describe una fractura en el sentido de inmediatez transparente, en el que la persona con esquizofrenia se vuelve excesivamente conciente de aspectos de su experiencia que normalmente deberían vivirse de manera implícita.
Cuando estamos enamorados, la emoción te embelesa. El corazón te late más rápido, piensas más en aquella persona especial. Todo está tácitamente implícito. En los procesos de hiperreflexividad, esa calidad de inmediatez se interrumpe; observas a tu ser amado, tu corazón se acelera y te preguntas “¿esto que siento es mío por sentirlo o de aquella persona por haberlo provocado?” –empiezas a sospechar de lo que vives y de ti mismo–. Aquí es cuando surgen los delirios de control, carácterísticos de la esquizofrenia –crees que alguien más controla tus sentimientos, sensaciones, emociones y actos–.
Pese a todo, la ipseidad no es un asunto que se viva en soledad. Los seres humanos estamos sujetos al sentido de realidad, a ese juicio compartido y relativamente consensuado que llamamos sentido común. La disminución del sentimiento de presencia de sí mismo implica, justamente, el debilitamiento de esa certeza básica: habitar el propio cuerpo, ser autor de lo que se vive, participar en un mundo que se ofrece como evidente.
No hay otra forma de estar en el mundo que a través del cuerpo. No vivimos la realidad porque la pensemos de manera reflexiva, sino porque, de modo prerreflexivo, todos asumimos lo mismo: que el mundo está ahí y que nosotros estamos dentro de él. La persona con esquizofrenia, en cambio, se ve forzada a preguntarse lo que para los demás está dado por hecho. Lo que en la vida común se presupone, para ella se convierte en una sospecha constante –¿por qué doy las gracias cuando me dan lo que pido?, ¿por qué digo por favor si de todos modos me lo van a dar?, ¿por qué cuando alguien muere la gente se viste de negro?, ¿por qué en los cumpleaños encienden velitas?– En la vida común estas preguntas no exigen respuesta. En la esquizofrenia, esa certeza se difumina. Lo que parecía inamovible se vuelve frágil.
¿Por qué esto es importante?
Hablar de la conciencia de sí mismo en la esquizofrenia no es solo un ejercicio filosófico ni un refinamiento teórico. Es una cuestión fundamental que redefine la manera en que entendemos y abordamos el trastorno. Si nos quedamos solo con los síntomas más visibles, perdemos de vista el núcleo del problema: una transformación profunda en la experiencia de ser uno mismo.
Si la esquizofrenia se concibe no como un conjunto de alucinaciones y delirios, sino como un debilitamiento en la estructura misma de la experiencia personal, el trastorno puede identificarse de manera temprana y precisa. Este planteamiento encuentra respaldo en hallazgos neurocientíficos contemporáneos. Diversos estudios de neuroimagen han demostrado actividad de la corteza cingulada anterior y el precuneus durante procesos prerreflexivos, tales evidencias complementan la comprensión fenomenológica, al mostrar que el debilitamiento de la ipseidad tiene un correlato identificable en el cerebro.
Las estrategias actuales se enfocan en reducir síntomas visibles, pero sin atender la raíz del problema. Terapias fenomenológicamente informadas, intervenciones centradas en la corporalidad y enfoques que ayuden a reconstruir una continuidad en la experiencia del yo podrían marcar una diferencia real en la calidad de vida de los pacientes.
En última instancia, esto nos obliga a mirar hacia dentro del bosque y no solo las huellas del animal. Entender lo que sostiene y estructura la experiencia de cada persona nos permite diseñar formas terapeúticas más humanas y efectivas.
El modelo diagnóstico vigente ha funcionado bajo un modelo descriptivo que agrupa síntomas sin detenerse demasiado en la estructura que los sostiene. Pero si queremos entender realmente la esquizofrenia—y no solo etiquetarla—necesitamos una forma diagnóstica que tome en cuenta lo que ocurre antes de que la psicosis aparezca.
Un diagnóstico basado en esta perspectiva no solo permitiría detectar la esquizofrenia antes de su manifestación más franca, sino que también redefiniría su tratamiento. Existen herramientas diseñadas específicamente para evaluar alteraciones en la experiencia subjetiva y estudios de neuroimagen que muestran cómo ciertas disrupciones en la conectividad cerebral están asociadas con estas anomalías. Integrar estas perspectivas en la práctica diagnóstica no solo es posible, sino que necesario si queremos dejar atrás un modelo enunciativo que describe síntomas nosológicamente inespecíficos.
Conclusión
Durante décadas, hemos catalogado alucinaciones y delirios como las huellas distintivas del trastorno, sin preguntarnos qué los hace posibles. Pero la evidencia es clara: la esquizofrenia no empieza con voces ni con ideas de persecución, sino con una alteración más profunda que sostendrá toda la sintomatología psicótica.
Ignorar esta base significa diagnosticarla cuando ya ha avanzado demasiado, cuando el paciente ha cruzado un umbral del que es difícil retroceder. Si en lugar de esperar a que las alucinaciones y los delirios tomen el escenario, enfocamos la mirada en los signos tempranos, estaríamos abriendo la puerta a un diagnóstico más preciso y a intervenciones mucho más oportunas.
Pero no es solo una cuestión de tiempos. Es un cambio en la manera en que entendemos la esquizofrenia. No como una colección arbitraria de síntomas, sino como un fenómeno estructurado que sigue una lógica interna. Y si aceptamos esto, también debemos aceptar que el enfoque diagnóstico vigente, basado en clasificaciones estáticas y en la observación de signos conductuales, es insuficiente.
Sugerencia de citación:
Ramírez-Sánchez, X.H. & Rojas-Huerta, B. (2026, marzo). El yo fracturado: repensando la esquizofrenia. Medicina y Cultura, 4(1), mc26-a04. https://doi.org/10.22201/fm.medicinaycultura.2026.4.1.4

Ximena Hassive Ramírez-Sánchez
Facultad de Medicina, Universidad Veracruzana, Xalapa-Enríquez, México. Interesada en la experimentación animal y su aplicación en la investigación biomédica, así como en el desarrollo de medicina de precisión para mejorar el abordaje terapéutico en diversas patologías.
Contacto: hassive.181100@gmail.com

Bryan Rojas-Huerta
Facultad de Enfermería. Universidad Veracruzana, Xalapa-Enríquez, México. Apasionado por la psiquiatría y la investigación científica. Mis intereses profesionales son la esquizofrenia, el trastorno bipolar y el trastorno límite de la personalidad.
ORCID: https://orcid.org/0000-0003-0354-0099
Contacto: bryanrhx03@gmail.com
Lecturas recomendadas
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