El pensamiento crítico en la era de ChatGPT: riesgos y oportunidades
Emiliano Selem-Chávez, Daniela Yaretzi Salazar-Fernández y Diana Guízar-Sánchez

Resumen: ChatGPT es un modelo de inteligencia artificial diseñado para procesar y analizar grandes volúmenes de texto en segundos. Para muchas personas, se ha convertido en una herramienta práctica para resolver dudas, redactar escritos o generar ideas creativas. Sin embargo, su uso constante también plantea preguntas sobre cómo aprendemos y ejercitamos el pensamiento.

Cuando delegamos gran parte del esfuerzo mental a la inteligencia artificial, disminuye lo que los psicólogos llaman “demanda cognitiva”, es decir, el trabajo que realizamos al razonar, analizar o buscar soluciones. Esto puede resultar cómodo, pero si ocurre con frecuencia, corremos el riesgo de perder confianza en nuestras capacidades y volvernos menos tolerantes a los retos intelectuales. Dicho de otro modo: si siempre contamos con una “muleta digital”, olvidamos que podemos caminar por nosotros mismos.

Esto no significa que la inteligencia artificial sea perjudicial. Al contrario, es una herramienta valiosa que amplía el acceso a la información, ahorra tiempo y estimula la creatividad. La clave está en el equilibrio. Así como una calculadora no sustituye la comprensión de las matemáticas, la IA no debería reemplazar la práctica del pensamiento crítico.

Para mantener activas nuestras habilidades cognitivas, conviene cultivar hábitos que fortalezcan la mente: leer de manera regular, participar en proyectos creativos, dialogar con otras personas y darnos espacio para reflexionar antes de acudir a una aplicación en busca de respuestas inmediatas. Así, la inteligencia artificial se convierte en un aliado y no en un sustituto de nuestras capacidades.

La cuestión central no es si debemos usar estas tecnologías, sino cómo integrarlas responsablemente en la vida diaria. Si aprendemos a emplearlas con moderación, podremos aprovechar sus beneficios sin renunciar a la autonomía intelectual. La verdadera fortaleza radica en combinar lo mejor de ambos mundos: la eficiencia de la IA y la riqueza del pensamiento crítico humano.

Palabras clave: pensar, inteligencia artificial, capacidad cognitiva, reducción del esfuerzo mental, pensamiento crítico, ChatGTP.

 “El mayor enemigo del conocimiento no es la ignorancia, sino la ilusión del conocimiento”.
— Stephen Hawking

Hace unos días, mientras trabajaba en una tarea, me encontré con una pregunta que no lograba resolver. Después de unos minutos de pensar, decidí hacer lo que muchas personas harían hoy en día: preguntarle a ChatGPT. En cuestión de segundos, tenía ante mí una respuesta clara y detallada. Fue entonces cuando un compañero de trabajo, observándome, comentó: “¿Te das cuenta de que cada vez pensamos menos por nosotros mismos? Antes, nos tomábamos el tiempo de analizar, deducir y llegar a nuestras propias conclusiones”.

Es cierto, la tecnología ha cambiado radicalmente la manera en que accedemos al conocimiento. Hasta hace pocas décadas, la búsqueda de información requería consultar libros, enciclopedias o expertos en la materia. Hoy, basta con escribir una pregunta y recibir una respuesta inmediata. Pero, ¿qué implica esto para nuestra capacidad de pensar de manera crítica e independiente? ¿Nos estamos volviendo más eficientes o dependientes de la inteligencia artificial?

Este debate no es nuevo. Desde la Revolución Industrial en el siglo XVIII, las personas han cuestionado cómo las máquinas cambiarían nuestra forma de trabajar y razonar. Más tarde, con las computadoras, surgieron preocupaciones sobre la automatización del pensamiento y la creatividad. Hoy, la inteligencia artificial lleva esa discusión a un nivel sin precedentes.

En este artículo reflexionaremos sobre el impacto de herramientas como ChatGPT en nuestra manera de aprender, resolver problemas y tomar decisiones. ¿Estamos ante un aliado que potencia nuestras capacidades cognitivas o frente a una dependencia que puede debilitar nuestro pensamiento crítico?

¿Qué es ChatGPT y por qué está revolucionando la forma en que interactuamos con la tecnología?

En los últimos años, la inteligencia artificial ha avanzado a pasos agigantados, y uno de sus desarrollos más sorprendentes es ChatGPT. Hoy en día, millones de personas recurren a esta tecnología para pedir una receta rápida de cocina, redactar un correo formal o recibir una explicación sencilla de un tema escolar.

Pero, ¿qué es? Se trata de un modelo de inteligencia artificial que utiliza procesamiento de lenguaje natural (Natural Language Processing, NLP) para generar respuestas en lenguaje humano, es capaz de mantener conversaciones, redactar textos e incluso ayudar a generar ideas creativas. Su capacidad para comprender preguntas, analizar el contexto y ofrecer respuestas coherentes ha hecho que esta tecnología se integre rápidamente en múltiples ámbitos, desde la educación y la atención al cliente, hasta la creatividad y el entretenimiento.

Desarrollado por OpenAI, funciona con redes neuronales profundas que analizan millones de ejemplos de lenguaje humano para detectar patrones y predecir la respuesta más adecuada. Por eso, aunque parece “entendernos”, en realidad lo que hace es calcular probabilidades y construir frases coherentes. Esta capacidad ha permitido que se integre rápidamente en ámbitos tan diversos como la educación, la atención al cliente o la creación de contenidos.

¿Piensa ChatGPT o solo imita?

A pesar de su enorme capacidad de procesar mucha información con el fin de generar respuestas fluidas y naturales, las inteligencias artificiales, como ChatGPT, no “piensan” como lo hace un ser humano. No tiene conciencia, intenciones ni emociones; su funcionamiento se basa únicamente en detectar patrones estadísticos en los datos con los que fue entrenado.

A diferencia de las personas, cuyo razonamiento surge de experiencias, emociones y procesos cognitivos complejos, ChatGPT solo predice palabras para construir frases. En otras palabras, imita la conversación, pero no comprende el mundo como nosotros.

Imagina que le preguntas a ChatGPT cuál es el mejor método para mejorar la memoria. En segundos recibes una lista de estrategias con apariencia confiable: dormir bien, hacer ejercicio, practicar juegos mentales. Todo parece lógico, pero… ¿qué pasa si alguna recomendación está descontextualizada o no aplica a tu situación personal? Sin pensamiento crítico, podríamos aceptar sin más cualquier respuesta, aun cuando no sea la más adecuada o esté incompleta. Por eso, en un mundo en el que la inteligencia artificial nos ofrece soluciones inmediatas, el pensamiento crítico se vuelve indispensable.

En otras palabras, ChatGPT puede sonar convincente, pero eso no significa que siempre tenga razón. Esta diferencia nos recuerda que el verdadero valor está en nuestro juicio crítico, en saber distinguir entre lo que parece cierto y lo que realmente lo es.

Pensamiento crítico: una brújula en la era de la inteligencia artificial

El auge de herramientas como ChatGPT ha transformado profundamente la manera en que accedemos, producimos y compartimos información. Estas tecnologías representan un avance sin precedentes en términos de eficiencia y accesibilidad; sin embargo, también nos plantean un desafío central: el riesgo de que disminuya nuestra capacidad de pensar críticamente. El pensamiento crítico es mucho más que una habilidad académica. Se trata de un pilar de la autonomía intelectual, esencial para tomar decisiones responsables, construir conocimiento confiable y orientarnos en medio de la abundancia de información. Implica analizar con cuidado, estructurar ideas, cuestionar argumentos y resolver problemas de manera creativa. Son competencias que utilizamos no solo en la universidad o el trabajo, sino en la vida diaria, al decidir qué información creer, qué camino seguir o cómo actuar frente a dilemas éticos.

Hoy, en un mundo en el que la inteligencia artificial genera respuestas inmediatas, el pensamiento crítico cumple una función crucial: distinguir lo verdadero de lo falso, lo relevante de lo irrelevante y lo éticamente aceptable de lo que no lo es. Por eso, al usar herramientas como ChatGPT es recomendable contrastar la información con fuentes confiables y reflexionar antes de darla por válida. Este ejercicio no solo previene errores, sino que fortalece nuestro propio juicio. Por ejemplo, al pedirle a ChatGPT una receta, es posible que sugiera ingredientes que no se consiguen fácilmente en tu región, o al redactar un correo, que utilice un tono demasiado formal para la situación. Sin pensamiento crítico, podríamos aceptar esas sugerencias sin adaptarlas al contexto. Por lo que, en lugar de pedirle a la IA que te escriba un correo completo, puedes usarla para generar un borrador y luego darle tu propio estilo.

Más que ver a la inteligencia artificial como una amenaza, conviene entenderla como una herramienta cuyo valor depende del uso que le demos. Con criterio, puede convertirse en un aliado que despierte la curiosidad, organice ideas y abra nuevas perspectivas de análisis. Sin él, corremos el riesgo de caer en la dependencia cognitiva, la pasividad intelectual y la difusión de información errónea.

Con esto en mente, resulta necesario detenernos a analizar con mayor detalle cuáles son las principales ventajas y desventajas de herramientas como ChatGPT. Solo así podremos aprovechar sus beneficios sin perder de vista los riesgos que conlleva su uso acrítico.

ChatGPT: luces y sombras en su uso cotidiano

El uso de herramientas de inteligencia artificial, como ChatGPT, abre un panorama lleno de oportunidades en la manera de aprender, producir y compartir conocimiento. Su capacidad para organizar ideas, generar textos y ofrecer respuestas inmediatas lo convierte en un recurso atractivo en la educación, el trabajo y la vida cotidiana. Sin embargo, junto con estas ventajas también aparecen riesgos que conviene tener en cuenta.

Uno de los principales desafíos no está en evitar su utilización, sino en emplearlo con pensamiento crítico y de forma responsable. Cuando se usa sin cuestionamiento, la inteligencia artificial puede tener efectos poco deseables. Uno de ellos es la dependencia cognitiva, que aparece cuando nos acostumbramos tanto a que la máquina piense por nosotros que dejamos de ejercitar nuestras propias capacidades. Es como usar siempre una calculadora para hacer sumas sencillas: al principio es práctico, pero con el tiempo perdemos soltura para resolver operaciones básicas sin ayuda. Otro riesgo es la pasividad intelectual. Al obtener respuestas rápidas y bien redactadas, corremos el peligro de dejar de hacernos preguntas, de investigar por cuenta propia o de contrastar ideas diferentes. Esto empobrece nuestra creatividad y nuestra capacidad de análisis, porque el verdadero aprendizaje no está solo en recibir la respuesta, sino en el proceso de buscarla y entenderla. Finalmente, existe la posibilidad de que se propague información errónea. ChatGPT, como cualquier sistema, no es infalible: puede equivocarse o generar datos inexactos. Si aceptamos todo lo que produce sin verificar en fuentes confiables, podemos contribuir sin querer a la desinformación. En un mundo donde la información circula tan rápido, este es un riesgo especialmente delicado.

Un riesgo importante del uso inadecuado y constante de la IA es la reducción de la carga mental de trabajo, fenómeno conocido como descarga cognitiva. Ocurre cuando delegamos en la tecnología tareas que antes resolvíamos con esfuerzo propio. No es exclusivo de la inteligencia artificial: lo vemos, por ejemplo, cuando usamos un GPS en lugar de memorizar una ruta, una aplicación de traducción en vez de recordar una palabra o un dispositivo digital para almacenar datos en lugar de ejercitar la memoria. Aunque estas prácticas resultan útiles, también hacen que algunas funciones cognitivas se ejerciten menos.

En el caso de ChatGPT, la descarga cognitiva puede tener un efecto más profundo. Al delegar constantemente la generación de ideas o respuestas a la IA, se limita el entrenamiento de habilidades esenciales como la toma de decisiones, la resolución de problemas y, sobre todo, el pensamiento crítico. A largo plazo, esta dinámica podría disminuir nuestra disposición a reflexionar, además de afectar la confianza en nuestras propias capacidades. Incluso puede generar mayor ansiedad al enfrentarnos a problemas complejos sin la ayuda inmediata de la tecnología.

Por otro lado, ChatGPT también ofrece múltiples ventajas. Utilizado con criterio, puede ser un valioso apoyo en el aprendizaje, ya que brinda explicaciones rápidas, ejemplos que facilitan la comprensión y acceso instantáneo a la información. También permite ahorrar tiempo al automatizar tareas rutinarias —que en algunos casos consumen hasta 70% del esfuerzo de los usuarios— liberando espacio para actividades más creativas o estratégicas. Por ejemplo, si necesitas un esquema rápido para un trabajo escolar, ChatGPT puede ofrecerte una estructura en segundos, ahorrándote tiempo y esfuerzo inicial.

Además, favorece la organización de ideas, ayudando a estructurar textos, resúmenes o esquemas de manera más clara. De forma complementaria, posibilita un aprendizaje personalizado, adaptando sus respuestas a las necesidades y al ritmo del usuario. Todo esto contribuye a reducir barreras de acceso al conocimiento, acercando contenidos complejos a personas con distintos niveles educativos o con recursos limitados.

Si bien estas ventajas y desventajas muestran dos caras de la misma moneda, la pregunta central es: ¿qué podemos hacer para aprovechar la inteligencia artificial sin perder nuestras propias capacidades? Aquí es cuando el pensamiento crítico y algunos hábitos cotidianos marcan la diferencia.

Tras explorar qué es ChatGPT, cómo funciona, sus ventajas, desventajas y las prácticas para un uso responsable, podemos cerrar con una reflexión central.

¿Cómo usar la IA sin perder el pensamiento crítico?

La inteligencia artificial nos facilita muchas tareas, pero para no volvernos dependientes de ella necesitamos mantener activas nuestras propias habilidades cognitivas. El primer paso es ser conscientes de cómo el uso constante de estas herramientas puede influir en la manera en que aprendemos y pensamos. Una estrategia sencilla es mantener la mente en movimiento con actividades que nos reten. Escribir una historia, dibujar, tocar un instrumento, resolver acertijos o incluso jugar ajedrez son formas de ejercitar la creatividad y el análisis sin depender de la tecnología.

Otro hábito clave es leer con regularidad. En ocasiones buscamos ahorrar tiempo acudiendo a resúmenes automáticos, pero al hacerlo perdemos la oportunidad de entrenar nuestra comprensión lectora y nuestra capacidad de reflexión. Leer libros, artículos y ensayos directamente, sin filtros de la IA, fortalece la memoria y mejora nuestro juicio crítico.

En última instancia, lo más importante es encontrar un equilibrio. La inteligencia artificial puede ser una gran aliada siempre que la usemos con moderación, como complemento de nuestras capacidades y no como un sustituto. Si seguimos ejercitando nuestra mente al mismo tiempo que aprovechamos la eficiencia de la IA, podremos disfrutar de lo mejor de ambos mundos sin perder nuestra autonomía intelectual.

IA en modo copiloto: 5 claves para usarla bien

  1.  No te quedes con la primera respuesta. Contrasta la información con libros, artículos confiables o fuentes acadé.
  2. Usa la IA como apoyo, no como sustituto. Déjala ayudarte a organizar ideas o a inspirarte, pero no le entregues todo el trabajo intelectual.
  3. Ejercita tu pensamiento crítico. Pregúntate siempre: ¿esto tiene sentido?, ¿es confiable?, ¿qué faltaría por considerar?
  4. Mantén tu mente activa. Lee, escribe, resuelve problemas o haz actividades que desafíen tu memoria y creatividad.
  5. Encuentra el equilibrio. Disfruta de la eficiencia de la IA, pero reserva espacios para pensar, reflexionar y decidir por ti mismo

Conclusión

La llegada de la inteligencia artificial a nuestra vida cotidiana es, sin duda, uno de los avances tecnológicos más significativos de nuestro tiempo. Bien utilizada, puede ser una aliada que nos ahorre tiempo, organice nuestras ideas y nos acerque a nuevos conocimientos. Sin embargo, su uso excesivo y sin reflexión puede afectar negativamente nuestro aprendizaje al reducir la práctica del análisis, la resolución de problemas y el ejercicio del pensamiento crítico. Incluso puede impactar en lo emocional, debilitando la confianza en nuestras capacidades y generando ansiedad ante tareas complejas.

Por ello, lo esencial es encontrar un equilibrio: aprovechar los beneficios que nos brinda ChatGPT sin dejar de cultivar nuestras propias habilidades. Como hemos visto a lo largo de este artículo, el valor de estas herramientas no radica en la tecnología en sí misma, sino en cómo decidimos usarla. Con criterio, pueden convertirse en un estímulo para la curiosidad y la creatividad; sin él, pueden llevarnos a la dependencia cognitiva y a la difusión de información errónea.

En última instancia, la clave está en mantener nuestra autonomía intelectual. La inteligencia artificial puede acompañarnos y facilitarnos la vida, pero nunca debería sustituir nuestra capacidad de pensar por nosotros mismos. Esperamos que esta reflexión motive a los lectores a usar la IA de manera consciente y responsable, fortaleciendo no solo su aprendizaje, sino también su pensamiento crítico.

“En la era de la inteligencia artificial, nuestra mayor fortaleza sigue siendo humana: la capacidad de pensar críticamente”.

Sugerencia de citación:
Selem-Chávez, E., Salazar-Fernández, D.Y. & Guízar-Sánchez, D. (2026, marzo). El pensamiento crítico en la era de ChatGPT: riesgos y oportunidades. Medicina y Cultura, 4(1), mc26-a02. https://doi.org/10.22201/fm.medicinaycultura.2026.4.1.2

Emiliano Selem-Chávez

Estudiante de Medicina UNAM. Alumno del Programa de Apoyo y Fomento a la Investigación Estudiantil (AFINES).

Contacto: mc22sece1274@facmed.unam.mx

Daniela Yaretzi Salazar-Fernández

Estudiante de Medicina UNAM. Alumna del Programa de Apoyo y Fomento a la Investigación Estudiantil (AFINES).

Diana Patricia Guízar-Sánchez

Es médico cirujano por parte de la UNAM. Especialista en psiquiatría y psiquiatría infantil, por parte de la UNAM, con sede en el Instituto Nacional de Psiquiatría “Ramón de la Fuente Muñíz”. Investigador nivel 1 SNII por parte de la SECIHTI.

ORCID: 0000-0001-8905-6315

Contacto: guizar.diana@gmail.com

Lecturas recomendadas

Ahmad, O., Maliha, H., & Ahmed, I. (2024). AI Syndrome: an intellectual asset for students or a progressive cognitive decline. Asian journal of psychiatry, 94, 103969. https:// doi.org/10.1016/j.ajp.2024.103969

Kim T. W. (2023). Application of artificial intelligence chatbots, including ChatGPT, in education, scholarly work, programming, and content generation and its prospects: a narrative review. Journal of educational evaluation for health professions, 20, 38. https://doi.org/ 10.3352/jeehp.2023.20.38.

 

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