Psicopatología según Hitchcock
José Eduardo López Villa

Resumen: Una de las influencias más perdurables en la carrera de Alfred Hitchcock fue la que recibió, en sus años formativos, del cine mudo alemán, uno de los más importantes de su época. El estilo de ese cine marcó definitivamente su obra y, en sus películas, retomó parte de sus técnicas para involucrar al espectador en muchos de los temas que abordó. En este sentido, aunque de una forma exagerada y deformada por tratarse de un producto cinematográfico, se aproximó a los trastornos mentales. Varios de sus personajes y filmes, como es el caso de La sombra de una duda (1943), El hombre equivocado (1956) y Vértigo (1958), entre otros, pueden ayudarnos a ejemplificar algunas aristas de esa parte de la experiencia humana y a retratar parte de la realidad de la época en la que fueron creadas.

Palabras clave: cine, psicopatología, trastornos mentales.

Introducción

El británico Alfred Hitchcock (1899-1980) es reconocido como uno de los cineastas más influyentes de la historia y varias de sus 53 películas lograron un impacto cultural cuyos ecos siguen escuchándose hoy en día. En sus fundamentales años formativos, en los que el cine también comenzaba su rápido y complicado camino de arte naciente, Hitchcock se empapó de uno de los cines mudos más influyentes de la época: el alemán.

En ese periodo —y aún ahora—, las abismales diferencias entre las industrias cinematográficas nacionales en cuestión de capacidades técnicas y económicas las obligaban muchas veces a colaborar entre ellas. En ese contexto, un Hitchcock veinteañero que hacía de todo un poco, desde guionista hasta asistente del director, fue enviado por su raquítico estudio al Babelsberg de la poderosa productora germana UFA, para trabajar en la coproducción británico-alemana The Blackguard. Allí recibió una de las influencias más duraderas de su carrera: el estilo y la técnica de directores como Fritz Lang y F. W. Murnau.

De este último, Hitchcock observó las filmaciones de La última carcajada (1924), película con innovaciones técnicas y visuales tales que, dice el escritor español Román Gubern, con ella la cámara cinematográfica, libre de sus cadenas, aprendió a volar —se le llamó «cámara desencadenada» a la técnica por la inédita libertad de movimientos del aparato—. El estilo, denominado expresionismo alemán, implicaba un juego perpetuo entre efectos, movimientos, ángulos, luces, sombras y distorsión que era patente en producciones como El gabinete del doctor Caligari (1920), La muerte cansada (1921) y Nosferatu (1922).

Algunas de ellas, como El gabinete del doctor Caligari, ilustraron —de una forma exagerada y deformada, tanto a nivel visual, como en la trama—, uno de los espacios de la experiencia humana: los trastornos mentales. Y se sirvieron de la técnica cinematográfica para inmiscuir al espectador. Con esa y otras influencias más, como el montaje —el ordenamiento de las escenas— de los cineastas soviéticos, Hitchcock construyó el estilo propio que le consolidó como el «maestro del suspenso».

Para ello, aprovechó los efectos visuales y un abanico de movimientos de cámara, como el plano subjetivo —que permite al espectador percibir lo que un personaje está viendo— y el primer plano —acercamiento a algo o alguien de tal forma que ocupe buena parte de la pantalla—. En sus obras hay un peligro insospechado y la cámara adquiere el papel de dedo acusador, de ente revelador, que nos hace partícipe de los hechos. Además de giros argumentales, también está muy presente la culpa —cabe destacar que Hitchcock recibió una estricta crianza católica durante su infancia—, que atraviesa a propios y ajenos.

En el cine de Hitchcock, el horror reside en lo humano. Pero sus obras también abordan otros facetas de esa humanidad. En este sentido, el británico también se aproximó a los trastornos mentales de una forma, un tanto más matizada, pero igualmente distorsionada y exagerada, comprensible por tratarse de un producto cinematográfico. El ejemplo clásico es Psicosis (1960), con el inesperado asesino que, vestido de su fallecida madre, termina con la vida de la protagonista antes de la mitad del filme.

Pero algunos de sus otros personajes nos pueden ayudar a entender ciertas aristas de esa experiencia, ilustrada exageradamente sí, pero un poco más cercana a la realidad o, al menos, a la realidad de la época. Con las limitaciones propias de este ejercicio —se trata de personajes, no arquetipos, y la información se limita a lo que requiere el guion—, podemos usar tres filmes como vehículos para hablar un poco sobre trastornos mentales.

La sombra de una duda (1943)

¿De qué hablamos cuando nos referimos a la personalidad? No hay respuestas sencillas a preguntas complejas, pero básicamente a un patrón persistente y relativamente predecible de formas en las que una persona piensa, percibe e interactúa con su entorno y consigo misma. Se conforma de rasgos y cuando estos son rígidos, generan malestar en el individuo o problemas en el desempeño en su vida cotidiana, nos referimos a trastornos de la personalidad. Partiendo de estas nociones, hablemos de La sombra de una duda (1943).

Cuando Charlie, un asesino de mujeres adineradas, se refugia de la policía en el hogar familiar de su hermana en un pueblito estadounidense, su sobrina, del mismo nombre, comienza a sospechar de él. La sospecha invade y abruma a Charlie, la sobrina, a medida que avanza la película, hasta que se confirman sus temores, y ahora su vida se ve amenazada por quien en algún momento fue objeto de su confianza e idolatría. Al hablar de Charlie, el tío, se suele mencionar el trastorno de personalidad antisocial.

El término nos habla de un desprecio y violación sistemáticas de los derechos de los demás, con conductas como el consumo de sustancias, la violencia, los robos, las mentiras y la manipulación, que se suelen traducir en problemas constantes con la ley. Además, los individuos no parecen sentir remordimiento genuino por sus acciones. La sospecha de Charlie, la sobrina, parece surgir cuando escucha al tío hablar de las víctimas:

Charlie, el tío —Horribles, marchitas, gordas, avariciosas.

Charlie, la sobrina —¡Pero están vivas, son seres humanos!

Charlie, el tío —¿Lo son? ¿Lo son, Charlie? ¿Son humanos o son animales obesos que resuellan? ¿Y qué les pasa a los animales cuando se ponen gordos y viejos?

Esa manipulación y desprecio de los derechos de los demás es evidente en varios puntos de la película. Pero, cuando la sospecha se convierte en certeza, Charlie, el tío, explota en una vorágine destructiva que amenaza con acabar con todos alrededor, comenzando por él mismo. Esta película, una de las primeras que Hitchcock dirigió después de trasladarse de Inglaterra a Estados Unidos, fue un importante paso en el proceso de adaptar su cine al nuevo contexto en el que se sumergía, partiendo aquí por pretender dejar al descubierto lo que subyace bajo la aparente tranquilidad y perfección de la zona rural estadounidense.

Culpa, sospecha y dobles —ejemplificados aquí con dos Charlie— fueron temas persistentes en su obra. Igual de persistentes suelen ser los comportamientos que son comunes en el trastorno de personalidad antisocial, particularmente por la indiferencia a las consecuencias de sus acciones y la falta de empatía que suelen mostrar. Tiende a ser más frecuente en hombres y dadas las conductas delictivas que tienen quienes lo padecen es especialmente prevalente en poblaciones penitenciarias.

Charlie, la sobrina —Él creía que el mundo era un lugar horrible. […] No confiaba en la gente, parecía que los odiaba. Odiaba al mundo entero.

El hombre equivocado (1956)

Inspirada en una historia real, El hombre equivocado (1956) gira en torno a Manny Balestrero, un músico de jazz acusado y detenido por una serie de robos que no cometió. Tras salir bajo fianza, intenta demostrar su inocencia. Sin embargo, el personaje realmente relevante para nosotros es su esposa, Rose. Quien en algún punto era una cónyuge preocupada y ocupada en mantener a flote a una familia, a un marido y a ella misma atravesados por el peso de la injusta realidad, pasa gradualmente a verse agobiada por la apatía, la indiferencia, ante lo que ocurre a su alrededor.

La amenaza a la integridad familiar y el riesgo de que el cónyuge sea encarcelado arbitrariamente son lo que consideraríamos eventos estresantes, situaciones que van a generar respuestas emocionales esperables —en este caso, por ejemplo, tristeza o miedo—. Dichos eventos son uno de los factores de riesgo para la depresión, un trastorno multifactorial, es decir, varios elementos —genéticos, psicológicos, biológicos, sociales, entre otros— están involucrados e interactúan entre sí para que se desarrolle.

Cuando la tristeza persiste por algún tiempo —hablamos de varias semanas— y se acompaña de otros síntomas que, en conjunto, generan un malestar intenso o afectan considerablemente la capacidad de la persona para cumplir con sus actividades diarias, desde el trabajo hasta tareas más básicas como la higiene y el cuidado personal, hablamos de un episodio depresivo. En este sentido, avanzada la película, observamos y nos enteramos de cambios en la conducta de Rose.

Manny —Querida, no estás bien. Deberías ir al médico.

Rose —No me pasa nada, ¿por qué debería ver a un médico?

Manny —Pues, cuando alguien no duerme, no come y pierde el interés en todo, quizá un médico pueda ayudar.

Como ocurre en algunos casos, Rose muestra una culpa inapropiada, al grado de considerarse responsable por lo que le sucedió a su marido. «Está enterrada en una montaña de miedo y culpa», describe el médico que la entrevista y que recomienda hospitalizarla. Según el epílogo, Rose estuvo internada en un hospital psiquiátrico dos años y tuvo una completa remisión de sus síntomas. La película es un reflejo de su época, en la que aún predominaba el conocido como modelo asilar.

Ante la falta de opciones de tratamiento eficaz, una medida imperfecta —y con resultados muchas veces deplorables— utilizada para el manejo de los pacientes psiquiátricos fue su internamiento en grandes hospitales por tiempos prolongados, a veces incluso toda su vida. Sin embargo, unos años después del tiempo en el que se desarrolla el filme, en torno a la década de 1960, se reconoció la importancia de la rápida integración de los pacientes a sus comunidades y se favorecieron, en caso de ser necesarias, las estancias hospitalarias breves.

Una de las circunstancias que ayudó a este necesario cambio fue el hallazgo fortuito —lo que se suele conocer como serendipia— de los primeros medicamentos antidepresivos, que se comenzaron a comercializar en el último par de años de la década de 1950. Esos medicamentos —y otros más, alguno también descubierto por casualidad— representaron una revolución para la psiquiatría. Pero, lo más importante, les dieron una muy necesaria y merecida segunda oportunidad a pacientes como Rose de reanudar su vida.

Vértigo (1958)

Los eventos estresantes también pueden, en algunas ocasiones, llegar a desencadenar un temor intenso e injustificado a objetos o situaciones, lo que conocemos como fobias. Este es el caso de Scottie, protagonista de Vértigo (1958), que desarrolla una fobia a las alturas —conocida como acrofobia— después de presenciar la caída al vacío de su compañero policía durante la persecución de un sospechoso.

Dentro de los síntomas que pueden presentarse en las fobias suelen estar los físicos —como el mareo y la sensación de desmayo que parecía tener Scottie—, la evitación de todo lo relacionado o que recuerde al objeto o situación temidos, y que el miedo suele ser desproporcionado al peligro real —caso de Scottie, aún ante alturas mínimas—. Incluso, por sus síntomas se ve obligado a dejar su trabajo por la incapacidad que le genera.

Midge (amiga de Scottie) —Eras el joven abogado que decidió que algún día sería el jefe de policía.

Scottie —Tenía que renunciar.

Midge —¿Por qué?

Scottie —Por este miedo a las alturas, esta acrofobia. Me despierto viendo a ese hombre cayendo del techo. Intento agarrarlo.

Midge —No fue tu culpa.

Scottie —Ya lo sé. Todos dicen eso.

Hitchcock hizo su propia innovación técnica con esta película: el «efecto vértigo». En esta obra consistió en mover físicamente la cámara hacia atrás al mismo tiempo que se hacía un zoom hacia adelante —enfocando el hueco entre dos edificios o el fondo de unas escaleras, por ejemplo—, con lo que se alteraba la sensación de profundidad. Como los cineastas alemanes, Hitchcock aprovechó la distorsión para transmitir, en este caso, el intenso terror de Scottie a las alturas. La cámara desencadenada seguía aprendiendo.

Aunque este fue el primer uso de esa técnica, uno de los ejemplos más recordados es el de Tiburón (1975), en la que se usa para transmitir al espectador el pánico del protagonista cuando se percata de que, efectivamente, hay un tiburón atacando a un nadador en la playa.

Como en este ejemplo, la ansiedad está presente en muchas situaciones de la vida diaria y, como el resto de las emociones, es necesaria. Pero, como ocurrió con Scottie, la ansiedad que le generaba pensar y exponerse a las alturas era demasiado persistente e incapacitante. Uno de los principales tratamientos para las fobias es la terapia de exposición, que busca, gradualmente, desensibilizar a la persona ante los objetos o situaciones a los que teme.

Scottie —Creo que puedo quitármela.

Midge —¿Cómo?

Scottie —Tengo una teoría. Creo que si puedo acostumbrarme a las alturas poco a poco. Poco a poco. Progresivamente, ¿ves?

Conclusiones

Tomando el ejemplo de tres películas de Hitchcock podemos ver algunas partes, exageradas y distorsionadas por tratarse de productos cinematográficos, de tres trastornos mentales e iluminar la realidad de la época en la que se hicieron. Con las técnicas y estilo que desarrolló, en parte inspirado por el cine mudo alemán, Hitchcock buscó involucrar al espectador y generar empatía. Como ocurre en muchas otras situaciones, el cine nos puede ayudar a ilustrar algunos elementos de lo humano.

 

Sugerencia de citación:
López-Villa, J.E. (2025, septiembre). Psicopatología según Hitchcock. Medicina y Cultura, 3(2), mc25-a18. https://doi.org/10.22201/fm.medicinaycultura.2025.3.2.18

José Eduardo López Villa

Es médico por la Universidad Veracruzana y residente de psiquiatría en el Instituto Veracruzano de Salud Mental «Dr. Rafael Velasco Fernández».

ORCID: 0009-0002-0566-0422

Contacto: lopezvillaje@gmail.com

Lecturas recomendadas

Bhugra, D. (2020). What can Hitchcock teach us about psychopathology? Part 1: Shadow of a Doubt (1943). Forensic Science International: Mind and Law, 1, 100015.

Gubern, R. (2016). Historia del cine. Barcelona: Editorial Anagrama.

Rolim Neto, M. L., Dantas Peixoto, J., Pereira Lobo, F. V., Castor Albuquerque, S. G., Teixeira Lima, S. R., Fernandes Macedo, I. R. P. A., da Silveira Araújo, V. C. & Medeiros Lacerda, K. (2018). The analysis of psychopathology in Alfred Hitchcock movies. International Archives of Medicine, 11(41): 1-15.

 

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